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José Jordi Veras R.

José Jordi Veras R.


Prueba común


  • 24.03.2020 - 12:00 am

Cuando inicio todo esto del Covid-19 en Wuhan, China, todo mundo pensó que era algo de momento y que en modo alguno iba a tener efectos a nivel global. Sin embargo, tres meses después, hemos visto cómo algo que podría parecer insignificante ante los ojos del ser humano, hoy es una pandemia y ha puesto de rodillas a los países más poderosos de la Tierra. Más de 29 naciones están comprometidas con el mismo. Y desde aquel médico, Li Wenliang, que trató de alertar sobre el brote, fue víctima del mismo, muchos miles más alrededor del globo han fallecido. 

Nos ha retado como personas, porque en aquellos lugares en que se ha tomado a relajo y a la ligera, se han pagado caro por ello y hasta ha desacreditado toda burla. 

Ha puesto en tela de juicio a sistemas de salud como los nuestros, porque desde simplezas, como: mascarillas; guantes y ropas para contrarrestar los efectos del virus, para aquellos héroes anónimos (médicos, enfermeras, paramédicos, policías, militares y todos los que intervienen, desde un camillero hasta una secretaría dando entrada al paciente), que de una forma o de otra están arriesgando sus vidas y más de sus familias, tratando de salvar la de otros, que en ocasiones no asumen con conciencia lo qué hay entre manos ahora mismo.

Este virus nos ha retado como individuos; comunidades; Estados y naciones. Nos ha puesto a prueba desde el egoísmo hasta la solidaridad; desde lo económico hasta lo perentorio. En fin, ha puesto en tela de juicio el comportamiento y actitud de quienes gobiernan y quienes están en oposiciones políticas en cada país. Ha dejado entrever las limitaciones para desenvolver un país ante los efectos de este monstruo. 

Nos ha puesto a validar los sentimientos entre los seres vivientes, porque valoramos más vivir en comunidad; demostrar nuestros mejores afectos a través de nuestras manifestaciones físicas de cariño y amor.  Nos ha puesto a prueba  que podamos valorar la vida a cada momento e instante, porque nos ha hecho saber lo esencial del tiempo y sobretodo, nos ha hecho saber que ante cosas de la naturaleza o del ambiente, no somos nada, simplemente piezas de un todo, y sobre lo que no tenemos el control, que es de lo que más se ufana el ser humano, que ha llegado a pensar que con su poder, cualquiera que fuere, puede dominarlo todo, y esto nos ha demostrado cuán frágiles somos. 

Sin embargo, nos ha hecho sacar lo mejor de las grandes mayorías; nos ha hecho mostrar el mejor don, la solidaridad. Y nos ha puesto a una prueba que es común, y en la que necesariamente tendremos que para derrotarla, unirnos y hacernos un solo corazón que late a ritmo de todos. Tendremos que pensar como especie si decidimos pensar más en lo que conviene a todos por igual o si sigue peinando el egoísmo de unos pocos por encima de todo.  

Que Dios pueda tener misericordia y pueda hacer que prevalezcan los mejores corazones por encima de las ambiciones e inconsciencias de algunos. Es una prueba común en la que cada quien debe dar lo mejor de sí. 


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