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Redacción

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Protestas y propuesta


  • 18.03.2021 - 12:00 am

El gobierno de Luis Abinader es reconocido por su buen desempeño frente a la pandemia del coronavirus. En eso va bien, así como en sus esfuerzos por la recuperación de la economía, según el Banco Central.    

No obstante, en los últimos tiempos se percibe un clima de protestas sociales protagonizado por los “desvinculados”, los buscadores de empleos públicos provenientes de las bases del “perredeísmo modernista”, y por último por los que protagonizan la controversia entre los que aspiran por la aprobación de las tres causales del aborto, enfrentados a los que rechazan el aborto justificados por ser “pro-vida”.   

Ese clima un tanto convulso afecta una gobernabilidad que hasta ahora marcha con alto nivel de estabilidad o al menos tendería a debilitar la favorabilidad que en la población ha merecido  el gobierno, en especial el Presidente. La situación no debe preocupar más de lo debido, aunque esas protestas son una señal de la necesidad que tiene el gobierno de ir materializando mediante su agenda, su compromiso de clase. Con quién cuenta y para quién gobierna.

La gestión de gobierno no debe olvidar que una función fundamental de la política consiste en transformar funcionalmente la estructura de clases de la sociedad. Hasta ahora los gobiernos dominicanos han preferido comprometerse con promover a los grupos oligárquicos en los que buscan sustentación, marginando a los sectores que conforman la base de la estratificación social. Esa función tradicional se ha realizado a través de regímenes políticos encabezados por caudillos autoritarios, los cuales han obstaculizado el desarrollo y la democracia dominicana.

Una diferencia la estableció el PLD, en el sentido de que sus agendas de gestión pública, aunque estimularon la formación de oligarquías, asociado al liderazgo caudillista autoritario por sobre el liderazgo democrático, formaron oligarquías nuevas a partir de los emergentes sociales que desplazaron a sectores oligárquicos tradicionales, a medida que se apropiaban de los recursos públicos, los cuales alcanzaron a convivir y compartir los beneficios del poder del Estado patrimonial.

Esa estrategia ha modificado la composición social en general y en particular de los diversos grupos oligárquicos, de los cuales emanan líneas de acción dirigidas a favorecer la concentración de la riqueza y a la expansión de la pobreza, con lo cual se obstruyen las vías hacia el desarrollo, así como  de la institucionalidad democrática fundada en el respeto a la Ley.  

Por esas razones el nuevo go­bierno del “cambio” debe asumir una estrategia que, aunque conviva con los frentes oligárquicos, nacionales e internacionales, en aquellos proyectos de gran escala, dirija su accionar a promover y fortalecer a los empresarios medianos y pequeños, como expresiones de una pujante clase media en expansión que sea capaz de sostener la cultura democrática y de arrastrar al progreso a la gran base popular de la estratificación social dominicana.

Es esa la transformación que le dará sustentación a las expresiones partidarias que dicen comulgar con los ideales de la añorada institucionalidad democrática.

¡Ese ha de ser el objetivo político del “Gobierno del Cambio”!  


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