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Redacción

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Propuesta contra ruidos en zonas residenciales


  • 19.03.2021 - 12:00 am

La gestión municipal que encabeza Abel Martínez ha sido reconocida por su efectividad en el hermoseamiento y limpieza que exhibe la ciudad de Santiago. Una ciudad atractiva por su ordenamiento y más armónico desarrollo urbano.

Sin embargo, la expansión y desarrollo de Santiago han sido afectados por el grave problema del tránsito y transporte urbano, problema que cada vez se hace más pesado, a medida que se va congestionando el tránsito y se eleva la densidad vehicular, fruto de la falta de regulación en el tránsito y en el mercado de vehículos.   

Esa difícil e incontrolable situación trae consigo otros problemas conexos como es el problema de la falta de parqueos, lo que obliga al uso de las vías públicas, reduciendo el espacio disponible para el tránsito, lo que hace cada vez más pesada y lenta, además de tensa y estresante la circulación de los transeúntes de a pies y moto­rizados.

Otro problema que trae la falta de regulación y ordenamiento del tránsito es la contaminación sónica, es decir, el alto nivel de ruido, que intranquiliza a los munícipes que residen en zonas residenciales, donde se supone que el tránsito y transporte deben ser menos ruidosos y contaminantes.

Se da el caso de que en zonas céntricas como los barrios de Rincón Largo, la Rinconada y la Arboleda atravesados por la Av. República Argentina, Estrella Sadahlá y la Monumental con sus marginales, en ciertas horas del anochecer, circulan vehículos de alta velocidad y de elevado nivel de ruido, los cuales rompen con la tranquilidad que se le supone a esas zonas residenciales.

Esos vehículos manejados por sociópatas descontrolados y desconsiderados, llenan los espacios de tal nivel de ruido que hacen saltar de espanto y molestias a los residentes que a esas horas esperan descansar con tranquilidad, siendo víctimas del estruendoso ruido producido por esos vehículos, cuyos motores y tubos de escape están diseñados para autopistas de gran velocidad o de carreras.

Las autoridades del Ayuntamiento en combinación con la Procuraduría Fiscal de Medio Ambiente y con la Policía de Tránsito, deberían empoderarse de ese problema que va en aumento y someter a la civilidad a los desaprensivos que disfrutan con el ruido causado, sin considerar la salud de los indefensos residentes de esas zonas invadidas por el desorden sónico en la Ciudad Corazón.

A la buena gestión municipal se le podría agregar el ordenamiento de la contaminación sónica para que Santiago, además de hermoso y limpio, sea un espacio urbano agradable y vivible. 

¡No es un pedido exagerado ni difícil de lograr!   


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