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Josefina Almánzar

Josefina Almánzar


Préstamos de la vida


  • 24.07.2020 - 12:00 am

Recientemente recibí en mi muro de facebook un texto que me impactó.Se trata de la cita de un autor sobre el amor hacia los hijos.

Quiero hacerles partícipes del contenido del mensaje en el cual el autor define lo que para él es el concepto de hijo: “Hijo, es un ser que Dios nos prestó para un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje. Sí ¡Eso es! Ser madre o padres es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado.  ¿Perder? ¿Cómo? ¿No es nuestro? Fue apenas un préstamo.  El más preciado y maravilloso préstamo ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego le pertenece a la vida, al destino y a sus propias familias.  Dios bendiga siempre a nuestros hijos pues a nosotros ya nos bendijo con ellos.”

Cuánta verdad expresan estas palabras. Cuántas veces consideramos que nuestros hijos e hijas son nuestra propiedad y queremos ejercer ese derecho sobre ellos de por vida. Esta realidad es más frecuente en sociedades tradicionales como la nuestra, en las culturas latinoamericanas donde muchas veces los hijos e hijas son educados y criados bajo el criterio de que son nuestro seguro y garantía de sustentación en la vejez.

Cuántas veces de manera consciente o inconsciente le cortamos las alas para que no puedan explorar nuevos horizontes y se queden siempre bajo nuestra sombrilla y amparo.  Otras tantas, dejamos de disfrutarlos en sus diversos momentos y etapas de crecimiento y formación porque estamos anclados en la creencia de que estarán por siempre a nuestro lado. Olvidamos, como dice el texto que son prestados por un tiempo para ser guiados, amados, protegidos.  Para darle lo mejor que tenemos en valores que le servirán en sus propias vidas.

Olvidamos que mientras estén a nuestro lado, esos valores, emociones, aprendizajes, experiencias que inculcamos y compartimos serán la mochila que formarán parte del equipaje de su vida.  

Por eso, debemos estar siempre vigilantes de lo que les transmitimos para cuando sus alas estén preparadas para echar el vuelo, se lleven un patrimonio valioso de amor, de servicio a la humanidad. Debemos estar vigilantes para empujarlos a alzar el vuelo, no sólo físico, sino emocional y espiritual cuando quieran, aún estando ya preparados para partir seguir protegiéndose en nuestro manto, acurrucados en nuestro pecho.

Debemos estar preparados para vernos dentro y dejar nuestro egoísmo a un lado, para que esos préstamos de la vida no paguen intereses a ningún plazo, sino que su saldo sea valorado en la realización de sus propias vidas.

Como dice José Luis Perales en una de sus hermosas canciones: “Un día como alegres golondrinas se irán volando por cualquier ventana, para buscar del río la otra orilla, para mirar del mundo la otra cara…”

Y ahí deberíamos estar nosotros tendiéndoles los brazos para alzar el vuelo para que crucen el puente hacia la construcción de sus vidas. Agradecidos por haber recibido de Dios, el mejor de los préstamos.

También aprovecho la ocasión para desde este espacio felicitar a los padres dominicanos en su día y aprovechen la oportunidad de compartir con estos préstamos que la vida nos regala. Disfruten y lluvia de bendiciones para ustedes.

 La autora es Abogada y docente universitaria.


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