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Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


Preocupémonos por la epidemia pero sin ponernos paranoicos


  • 06.04.2020 - 12:00 am

Todos los grandes eventos  que ocurren en nuestro planeta, sean epidemias o terremotos, sin duda nos causarán algún grado de ansiedad lo cual es normal. Pero ese poco grado de ansiedad   jamás debería convertirse en paranoia. 

Cuando la epidemia de tuberculosis que afectó a nuestro país, sobre todo cuando la  rama ascendente de la curva epidémica en 1956 tuvo una especie de frenesí, ya que hasta en comunidades pequeñas, como Altamira mi pueblo, “La Sanidad”, como entonces se les llamaba a los Sub-centros sanitarios de Salud Pública, recibía  entre ocho y diez pacientes cada día con síntomas sospechosos de la enfermedad, pues el pánico en Altamira fue de tal magnitud, que un día de julio corrió el falso rumor de que un hombre que había muerto tuberculoso exactamente doce días antes, y a quien apodaban “El Seco”, había salido de su tumba y que decía  que tosería encima de todos aquellos que no les simpatizaban. El miedo a ser contagiados de tuberculosis no solo a partir de los vivos sino ahora de un muerto, fue a tal escala que absolutamente nadie en el pueblecito pensó que aquella extravagante noticia debía ser falsa ya que se decía que se hablaba de un  “resucitado” que “pegaría” su enfermedad a muchos vivientes. 

Pero en poco tiempo, y a pesar de que Don Manuel, el encargado de La Sanidad del pueblo, junto a la Policía intentaban calmar a la población convenciéndola de que “El Seco” ya estaba enterrado y que por tanto no podía contagiar de tuberculosis ni siquiera a sus vecinos los demás difuntos del cementerio, la gente no les daban crédito. Con los días, de  la ansiedad y la angustia se pasó a una etapa de paranoia generalizada, y la gente empezó a creer que todo aquel que tosía, estornudaba o que estaba muy flaco, seguro padecía de tuberculosis, es decir, que era un “malograo” o “tísico” después de haber hablado con “El Seco”. Bastaba con que te oyeran toser o que te encontraran medio flaco para que todos sospecharan y regaran la voz de que tú estabas “malograo”, y el vacio social que te hacían fue la regla. Hoy, con la pandemia de COVID-19, la historia se repite: todo el mundo está a la expectativa de si usted tose o estornuda, y si oyen que tal cosa ocurre, de inmediato quienes están cerca suyo, ‘dejan el limpio’ porque creen que podrían contagiarse con el coronavirus. La persona es víctima de un vacío social aunque no sea alguien contagioso.

La paranoia es una condición enfermiza de nuestra mente y función psicológica caracterizada por dar como cierto que alguien o alguna cosa fantástica  pueden hacernos algún mal o daño sin realmente existir tal posibilidad o ser muy remota. La persona paranoica se siente perseguida o vigilada, aunque sin tener prueba de ello, por un vecino, un amigo o un ser fantasmal porque la quiere muerta o desea que se enferme. De quien supone que quiere hacerle mal, no acepta nada, incluso le rehúye. Ese pensamiento hace que se desvele cada noche, incluso cree tener varios de los síntomas provocados por coronavirus como molestias en la garganta, dice sentir fiebre y hasta dificultad respiratoria, y como toser una o dos veces al día es un mecanismo normal, pues si tose una vez  se convence que realmente contrajo COVID-19. Duerme poco y cada vez que coge un ‘sueñito’, tiene sueños terribles que lo despiertan ansioso y nervioso en tanto que le sobreviene fatiga emocional. 

Se pasa el periodo de cuarentena colectiva con una incertidumbre de tal magnitud que lo deprime al creer que seguro enfermará y morirá. Por eso no es raro que manifieste molestias estomacales, intestinales, palpitaciones, elevación de la presión, saliveo persistente, que lo  hace tragar abundante saliva que distiende su estómago e intestino por todo el aire deglutido junto a la saliva,  provocándole flatulencia y mal aliento y, finalmente, el deseo de comer es continuo. 

Ante la epidemia de COVID-19, es normal que mostremos preocupación y hasta una  ansiedad moderada puesto que el Estado ha tenido que implantar medidas preventivas de restricción de la circulación y agrupamiento social para reducir al mínimo el contagio porque solo así puede cortarse la cadena de transmisión de la enfermedad. 

Lamentablemente, mucha gente está prestando mayor atención a lo que se dice en las redes sociales que a lo dicho por los Organismos Oficiales de Salud acerca de coronavirus. La sobre-información o la información inexacta sobre una epidemia, perjudica en vez de provocar beneficio porque muchos podrían darle crédito a informaciones sin fundamento creando en la sociedad angustia y una ansiedad desproporcionada. 

Lo sensato es prestar atención  solo a los boletines que ofrece el Ministerio de Salud Pública.  Ahora la curva de la epidemia está en la fase  cuatro de las seis que tiene toda epidemia por lo que la curva va en ascenso rápido, de ahí que se extrañe si un solo día se detectan 50 o 75 casos nuevos. Sospecho que al final de la cuarentena, si todos cumplimos estrictamente con las restricciones dictadas por Salud Pública, podríamos llegar a los 1000 a 1100 casos con 65 a 80 muertes. Si dicha curva epidémica llega a su tope en esa cifra de casos positivos e inicia inmediatamente su aplanamiento y posterior descenso donde cada día se presenten menos casos positivos que el día anterior, pues el país habrá cortado la cadena de transmisión y la epidemia en menos de un mes llegaría a su fin donde solo se presentarán casos aislados. Tengamos presente que todavía por los meses de agosto y septiembre aparecerán casos esporádicos de COVID-19.

Si tenemos la buenísima suerte que en dos semanas aparece una vacuna eficaz, pues  la ansiedad con la que vivimos hoy desaparecerá casi de inmediato. En cambio, si no es así y los ciudadanos seguimos burlando las reglas preventivas, pues la fase cuatro de la epidemia se prolongará y los casos positivos y muertes continuarán subiendo.   

Cumplamos todos con las previsiones tomadas por el Estado  contra la epidemia a fin de que pasemos cuanto antes a las fases 5 y 6 de la epidemia y el país pueda en  tiempo record recuperar su vida normal y sobre todo su actividad económica. 


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