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Redacción

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Preocupaciones


  • 09.02.2021 - 12:00 am

La pandemia del Covid-19 constituye para nuestro país como para otros muchos del planeta una profunda preocupación por la incertidumbre que crea. 

El Gobierno y otros sectores cifran sus esperanzas en la vacunación de la población, sin embargo, voces autorizadas de la comunicación internacional, propalan la idea que más que las va­cunas el combate más efectivo de la pandemia se habrá de cifrar en las prácticas sociales recomendadas por el protocolo sanitario y que consisten en el uso de mascarillas y la distancia social.

Son dos prácticas que implican modificar los patrones de conducta más habituales de la gente, cosa difícil para una personalidad social tradicional como la dominicana, cuyos ejes de conducta se han formado en la informalidad primaria y afectiva, que propende a la violación de toda norma formal que no sea cónsona con la sociabilidad informal y afectiva.

En ese contexto es difícil que buena parte de la población responda con facilidad a las pautas contra el Covid-19. Por eso hemos sostenido que las autoridades sanitarias y del orden público, tienen que emplearse a fondo, recurriendo al mecanismo histórico de control social externo basado en la represión, en este caso de corte económico y privativo de la libertad de circulación.

Hay que insistir en aplicar ese mecanismo de control social de la conducta para que la distancia social y el uso de las mascarillas puedan ser respuestas efectivas, frente a una pandemia que se vislumbra que va para largo en el tiempo antes de su control definitivo. Por eso la angustia y la incertidumbre del coronavirus.

La otra preocupación del momento es la crisis haitiana que no es coyuntural, sino permanente dada las condiciones en las que vive el pueblo haitiano y que mantienen la inestabilidad del régimen político que no puede ser estabilizado democráticamente y que evoluciona al régimen político de la “oclocracia”, gobierno del “gentío”, como lo bautizara el filósofo griego, Aristóteles.

Las autoridades dan confianza a la población dominicana al mantener y fortalecer la vigilancia de la frontera, ante el temor de una estampida migratoria de la población haitiana hacia el territorio dominicano.

El cuidado de la frontera es, entonces, una preocupación sobre la cual nuestras autoridades políticas y militares deben actuar con prontitud, de modo que la inestabilidad haitiana no derive en una crisis dominicana por efecto de la inmigración descontrolada de nacionales haitianos.

¡Concentrémonos en el Covid y la crisis haitiana!


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