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Rafael A. Escotto

Rafael A. Escotto


Plutarco Arias, ministro de Salud por deducción lógica


  • 27.07.2020 - 12:00 am

El dilatado academicismo y el extenso ejercicio de la medicina en la especialidad de la neumología del doctor Plutarco Arias, designado ministro de Salud Pública y Previsión Social por el presidente electo Licenciado Luis Abinader Corona, a partir del 16 de agosto, hacen de este galeno un profesional comprometido con la salud y el bienestar físico y mental del pueblo dominicano. 

La neumología trata de las enfermedades del aparato respiratorio y concentra su campo de intervención en el diagnóstico, tratamiento y prevención de las enfermedades del pulmón, la pleura y el mediastino.

Alguien que no sea galeno podría preguntar: ¿Qué es el mediastino? Para poder responder como seglar sobre el significado científico del mediastino le pregunté a mi caro amigo, el médico de profesión Piero Espinal Estévez, y me dijo lo siguiente: Es la parte del tórax que está entre el esternón y la columna vertebral, y entre los pulmones. 

Como me parece que gran parte de las personas que están muriendo en el país, República Dominicana y en el mundo, se debe a causa del coronavirus, su principal dolencia tiene que ver con problema respiratorio. Entonces, vale decir, en este caso, que el presidente Abinader no se equivocó con este otro nombramiento del doctor Plutarco Arias. 

No obstante, yo tenía la convicción que el médico y ejecutivo del centro de salud privado Unión Médica de Santiago, y ex candidato a senador por esta Provincia, Daniel Rivera, sería el preferido para el cargo de ministro de Salud, luego caí en cuenta de que el médico internista no es, ni deja de serlo, de la cuadra política de Hipólito Mejía, como lo es Plutarco Arias. 

El doctor Arias, además de ser un enamorado de la medicina, tuvo una actuación protagónica en las comisiones de salud de los partidos Revolucionario Dominicano (PRD), en tiempo del expresidente Hipólito Mejía, en cuya administración ocupó el cargo de director regional de salud y fue asesor de salud del PRM en esta importante ciudad del Cibao y del país durante la jornada comicial reciente y felizmente concluida para sosiego de la ciudadanía. 

No puedo ni debo dejar de establecer en este trabajo que Plutarco Arias, como Roberto Álvarez, designado canciller de la República, vienen de los predios de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) de Santiago, cuyo centro académico parece que tendrá una enorme influencia política en el Gobierno del Licenciado en economía Luis Rodolfo Abinader.

Lo anterior no tiene nada de pecaminoso, toda vez a que ese centro de altos estudios es una cantera muy apreciable de hombres y de mujeres talentosos. Para muestra un botón: la vicepresidenta de la República, recién electa, Raquel Peña, es una reputada académica y vicerrectora de Administración y Finanzas de la PUCMM.

A consecuencia de esta marcada propensión a la que apunta el nuevo Gobierno de Abinader, se da por descontado que el país tendrá la oportunidad de observar una presidencia rodeada de hombres y de mujeres de alto profesionalismo, con experiencia en administración pública, y, sobre todo, gente de la alta y mediana clase social de Santiago, ejerciendo la política, algunos emparentados directamente con el alto empresariado y con la oligarquía nacional por distintas vías y medios. 

Naturalmente, hay sus excepciones en esta administración gubernativa que se iniciará el 16 de agosto, por ejemplo, en el ministerio de Educación ha sido colocado el señor Roberto Furcar. El escritor Jorge Luis Borges dijo en una oportunidad estas palabras: "El arte supremo del maestro es despertar el placer de la expresión creativa y el conocimiento». ¿Será esto por casualidad lo que se pensó realmente con este nombramiento? 

Me pregunto nuevamente: ¿Es vista la Educación como aquella mujer llamada Cinderella cuyas cualidades y méritos, por cualquier causa, no han sido reconocidos por los demás? o quizá sea que los Gobiernos que ha tenido el país han convertido, a propósito, el sistema de educación dominicano, con sus excepciones, en un sin número de cosas obsoletas e inservibles que a cualquier político lo mandan para este organismo.

Será mejor preguntarle cómo se sienten los exsecretarios de educación: Jaqueline Malagon, Milagros Ortiz Bosch, Ivelisse Prats de Pérez, Andrés Rafael Reyes y, yéndome un poco más atrás en el tiempo: don Nicolás Almanzar o José Andrés Aybar, con esta clase de nombramiento en el hoy Ministerio de educación.

Permítame recordarle a alguien allá afuera una expresión del filósofo griego Aristóteles: «La educación es un ornamento en la prosperidad y un refugio en la adversidad.» Pregunto: ¿Son estas palabras de Aristóteles lo que hoy se cumple en Educación?

En esta etapa estelar de la vida política de la República Dominicana de esperanzas y de sueños, mirando los estragos de salud que causa la epidemia del Coronavirus en el país, no sé por qué veo al presidente electo Luis Abinader Corona, pidiéndole, con la ayuda de su querida madre Sula Corona, como aconteció con Salomón y su madre Betsabé, a Dios que le de sabiduría para gobernar con la esperanza de un mundo más cercano a los valores morales.

El presidente debe recibir de sus ministros quienes representan la llamada «banca ética» que se encuentra en el primer libro de Reyes, capitulo 21, versículo 1, 16, que lo impulse a buscar nuevas iniciativas y colaboraciones que le ayuden a crear una planificación estratégica a nivel nacional y que le conceda a su gabinete la sensibilización y la formación necesaria para que sean eficientes y puedan hacer frente a la pobreza del pueblo dominicano causada por la rudeza de un sistema socioeconómico y político implacable y salvaje.


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