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Fausto García

Fausto García


Para vivir...


  • 23.03.2020 - 12:00 am

La vida y sus cosas son de forma y de fondo.  Lamentablemente, hay quienes pierden el fondo, por estar guardando “las formas”. (Fausto García). 

Un día de estos, antes de salir al trabajo, luego de 1 ½  hora de ejercicios, orar, desayuno, buen baño y gracias a Dios, le decía a alguien estos puntos, que pueden ser válidos para todos: a. Debemos dar gracias a Dios por estar vivos; b.  Para vivir hay que estar vivos.  Esto es lógico, pero muchos están vivos, pero no viven; c.  Para vivir, tenemos que facilitarnos la vida y facilitarla a los demás. Esto es, hacer conciencia, como dice don Pepe Mujica, de que mientras más cosas tenemos, más dependemos de ellas o estas nos absorben de alguna manera, vale decir que nos poseen, y que, por tanto, no podemos vivir como pobres, pero si con austeridad, ligeros de equipajes, para ir por el mundo, disfrutando la vida, haciendo lo que nos gusta hacer y nos deleita, en beneficio nuestro, sin olvidar a los demás, y sin importar ahora que el virus ande suelto y que estemos o no en cuarentena.

Para todo lo anterior, hay que dejar la soberbia (esta es uno de los pecados capitales) y ser humilde; y finalmente, vivir con sabiduría.  En los tiempos actuales, vivir así implica ver a menudo la belleza de la vida, para vivir enamorado de ella, aunque se revuelque en un pantano, pues más profundo de ahí, fue sumergido el árbol de la vida, Jesucristo.

Él estuvo en el sepulcro por tres días- y desde allí resucitó, resurgió como todo un retoño, convirtiéndose en un gran árbol que ha servido de sombra y servirá por miles de años y hasta la eternidad, a millones de hombres y mujeres que le recibieron y le recibirán para bien de sus vidas y sus almas. 

La realidad no de deja de existir porque se le ignore dijo alguien. La realidad se defiende o combate con las ideas digo yo, por tanto, cuidado con lo que piensa, decide o ejecuta. ¿Qué hacer con ella? (julio 2018, 2 partes). Las ideas son como las nubes: unas sin agua (infértiles) y otras, preñadas de vida.

Para que toda esta realidad que estamos viviendo por el virus mortal que se ha propagado en el mundo, se esclarezca y fluya cual el agua de los manantiales, no dejes de orar, para lo cual, puede iniciarte con esta significativa oración, el himno más antiguo al Espíritu Santo:

Ven, Espíritu Divino

manda tu luz desde el cielo. 

Padre amoroso del pobre;

don, en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas;

fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,

divina luz y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre,

si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado,

cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde

calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,

según la fe de tus siervos;

por tu bondad y tu gracia,

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse 

y danos tu gozo eterno. Amén.


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