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Felipe de Js. Colón

Felipe de Js. Colón


Palabras de acción de gracias


  • 07.11.2019 - 06:27 pm

El pasado 5 de noviembre, quien suscribe y el muy querido presbítero Edwin Alonzo Méndez, cumplimos Bodas de Plata Sacerdotales, 25 años de Ordenación Sacerdotal. Fuimos ordenados presbíteros por Monseñor Flores Santana, quien nos dio oportunos consejos sacerdotales y pastorales, que nos han servido para madurar la vocación.
   

 

Agradecemos a Dios el don de la vida, del sacerdocio y los dones que nos han regalado, para ponerlo al servicio de la comunidad cristiana.
   

 

Agradecemos la presencia de todos ustedes: obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas, presidentes de asamblea, y a todos los laicos y laicas que desde hace 25 años han caminado mano a mano con nosotros. Hemos sentido muy de cerca su apoyo humano, espiritual y pastoral. Sus oraciones por nosotros y su testimonio de vida cristiana, nos ha hecho ver qué grande es el Señor.

 

Es propicio recordar a nuestros progenitores: Domingo Antonio Alonzo (f), Brunequilda Méndez (f), Roque Andrés Colón (f) y Thelma Padilla, ellos han sido clave para nuestra formación humana y cristiana. Estamos seguro que desde el cielo, observan nuestra misa de acción de gracias, y desde algún balcón del cielo nos bendicen.
   

 

Yo vengo del barrio Ensanche Bermúdez, allí me inicie, como monaguillo, catequista y lector, esa experiencia me ayudó al discernimiento vocacional, que empezó a tejerse a los 15 años de edad.
   

 

Yo vengo, del Barrio de Pueblo Nuevo, La Bahía, desde ese lugar, sirviendo como monaguillo, y en la Pastoral Juvenil, y la Legión María, nació el deseo de ser sacerdote. Participé en doce Jornadas Vocacionales, hasta que un día, me llegó la carta de elección para ingresar al Seminario San Pío X, y dije que sí al Señor, sin mirar atrás.
   

 

Monseñor Vinicio Disla nos recibió como rector del Seminario, el 31 de agosto de 1984. Fue un año de fomentar hábito de estudio, de oración y vida comunitaria. Adaptarnos fue un camino, pero con la gracia de Dios, se pudo.
   

 

Un servidor, en el año de 1985, pasó al Seminario Santo Tomás de Aquino, de Santo Domingo, a cursar el primero de filosofía.
Y a mí, junto con otros compañeros, fuimos enviados al pre-filosofado del Santo Cura de Ars,  de la ciudad de La Vega.
Edwin y yo, coincidimos en la capital, pero en cursos diferentes, y en el año de 1991, volvimos a juntarnos en la facultad de Teología. Juntos hasta el día de hoy.

 


Las experiencias vividas en el Seminario, y las comunidades, nos ha ayudado a madurar y a crecer.
   

 

Pedimos al pueblo santo de Dios que no dejen de rezar por nosotros, pues hoy ha sido un renovar el compromiso de continuar sirviendo como sacerdotes, donde el obispo nos envíe,  y de asumir tareas extras que nos pide nuestro arzobispo.
   

 

Además de las oraciones, tan necesarias, hoy como ayer, urge no descuidar la vivencia de una auténtica fraternidad sacerdotal. Lamentamos que algunos que empezaron con nosotros hoy no están en el ministerio. Y nos apena ver a un sacerdote aislado o desanimado en su vocación, o que dé señales que la unción recibida se desvanece.
   

 

Oración final: Para nosotros es de mucho gozo celebrar hoy,  25 años de sacerdote. Entramos al Seminario San Pío X., en agosto,  del año de 1984.
Respondimos con prontitud a la llamada del Señor.
   

 

Éramos dos adolescentes, servidores del altar como monaguillos, catequistas, lectores y miembros de la Pastoral juvenil.  Podemos decir con toda seguridad  que aquella  experiencia con Cristo Joven y el apostolado ferviente encendieron nuestros corazones.  Hoy podemos elevar nuestras voces y levantar los brazos al Dios de la Misericordia y de la Esperanza, y decir:

-    Gracias Señor por el don de la Vida
-    Gracias Señor por el don de la Fe
-    Gracias Señor por el don del Amor
-    Gracias Señor por el don del Sacerdocio
-    Gracias Señor por los padres que nos regalaste
-    Gracias por la familia que nos concediste
-    Gracias de corazón por todos los fieles laicos que nos acompañan y apoyan en las tareas pastorales.

 

Te pedimos  Señor Jesús, que suscite nuevas  vocaciones al sacerdocio. Haznos siempre dóciles a tu Palabra, abiertos a las disposiciones de tu Espíritu.  Ayúdanos Padre Santo a vencer los obstáculos y las dificultades, y a perseverar en la alegría y la fidelidad.  Ponemos en las manos de la Virgen María, nuestro ministerio sacerdotal, ella que supo velar por su Hijo, Sumo y Eterno Sacerdote, también de manera especial,  confiamos que lo hará con nosotros.  Que así sea, ¡Amén!

 


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