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Ramón E. Durán

Ramón E. Durán


Otra vez con los feminicidios


  • 25.01.2020 - 12:00 am

En la ocasión en que la joven madre y abogada  Anibel González  fue víctima de su  ex pareja Yasmil Oscar Fernández en presencia de sus tres hijos en San Pedro de Macorís el  pasado 31 de agosto del año 2019, en un   hecho que conmovió a la sociedad dominicana,  señalamos que  ella no sería la última en caer porque después   vendrían más.

 Aunque no tenemos a manos las estadísticas esta sentencia  se ha ido cumpliendo ´´al pie de la letra´´, porque luego  de Anibel son muchas las que han caído víctimas de la violencia machista de los varones dominicanos.

Lo que no amerita   discusión es que las autoridades encargadas de velar por la protección y  la integridad física de los  ciudadanos  de  este país,  en especial de las indefensas mujeres,   han  sido muy negligentes  ya que  muchas veces  no han actuado  con prontitud,  aplicando  las previsiones  de lugar   cuando las víctimas han acudido a la fiscalía o a  la policía para  denunciar que están  siendo acosadas y amenazadas de muerte. 

El último de los femenicidios que más ha impactado en  la población  dominicana y   que por su magnitud posiblemente trascendió las fronteras,  es el cometido a ´´sangre fría´´ contra   la  niña de cuatro años  Yaneisy Rodríguez en la  comunidad de Las Charcas  de esta ciudad de Santiago, donde presuntamente participaron  un menor de 16 años y  un tal Franklin Fernández Cruz (Guille) de 31 años de edad.

 Lo  que más   conmueve de este  lamentable  hecho es que   antes de sus captores propinarles golpes hasta quitarle  la vida,   la indefensa niña   fue violada, en un  hecho propio de   países pocos civilizados, pero no de un país  que se mantiene  actualizado con los últimos avances de la tecnología   y que    supuestamente  es el  líder en crecimiento de  la economía en  la región. 

Hasta los políticos en campaña pretenden obtener ganancias con el problema de los femenicidios, y esto  no deja de tener su importancia porque   son ellos los responsable de adoptar los correctivos de lugar desde las instancias del poder para  detener esta hemorragia que mantiene a las mujeres de este país  en un constante   sobresalto pensando que pueden  ser la próxima víctima.  

Uno de los grandes errores de  Leonel Fernández en su época de  Presidente de la República fue  cambiar  el  Código Procesal  Penal  por otro existente en países con niveles de desarrollo muy superior al nuestro. Este código no está a la altura de nuestra realidad, porque si lo que se  pretendía era una mejor aplicación de justicia, el mismo  solamente ha servido para proteger y estimular a los delincuentes.   

Recientemente un grupo de  feministas exigieron respuestas efectivas para detener la violencia contra las mujeres y reiteraron su petición de que se apruebe el proyecto   de ley orgánica integral contra la violencia, que fue planteado el pasado 24 de noviembre en la ´´marcha de las mariposas´´, además abogan por diseñar y aplicar planes y programas enfocados en cambiar la masculinidad violenta que predomina en el país. 

Se requiere  de extrema urgencia que las estructuras del estado en que vivimos responda  con soluciones drásticas deteniendo los femenicidios que mantienen en alerta roja a las   mujeres dominicanas,   así como  otros  tantos males que les han quitado el sueño a los que  habitamos  esta media isla.   

Siempre hemos sostenido que cuando en este país no  se conocía   el  tráfico y consumo de estupefacientes, y algún ciudadano desarrollaba   una borrachera, no era muy  frecuente escuchar la ocurrencia de violaciones y muertes tan horrendas como la de la niña Yaneisy  Rodríguez junto a  otros hechos bien conocidos  por todos.     

 Ahora resulta que   si una mujer se  niega a   reconciliarse con su ex pareja automáticamente está sentenciada a convertirse en una víctima mortal, porque en la generalidad de los casos se trata de hombres que actúan bajo los efectos de las drogas. En los primeros 14 días de este nuevo año 2020, se habían contabilizado 7 femenicidios, es decir uno cada 48 horas,  que si no es un record es un buen promedio.

En otra oportunidad abogamos porque se legislara para aplicarle la pena de muerte a los femenicidas, pero de nada serviría debido a que  muchos,   después de cometer el crimen, se suicidan por cobardía  para no tener que  enfrentarse a la justicia y recibir una  condena   de  30 años de  cárcel. 


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