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Redacción

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Oleada de protestas en América Latina


  • 20.10.2019 - 04:18 pm

Una oleada de protestas sociales ha estallado en países de América Latina, en el contexto de una rebeldía de los pueblos contra políticas económicas que provocan un proceso inflacionario que produce la caída del poder adquisitivo de la población.
   
Movilizaciones masivas, ocupación de parlamentos, confrontaciones violentas entre policías y manifestantes, tensión y la parálisis de importantes medios de producción, convierten a las naciones en conflictos en campos de batallas incontrolables, situación que se torna preocupante.
   
Como consecuencia de la dramática realidad que afecta a Chile, Ecuador, Perú, Honduras y Haití, las repulsas han dejado decenas de muertos, cientos de heridos, miles de presos y la paralización de actividades productivas significativas; el trágico balance derivado de la crisis socioeconómica es desesperante, porque pone en peligro la democracia.
   
Alzas en los precios de los combustibles y el transporte público, subida de las cotizaciones de los productos de primera necesidad, incremento de las tarifas de servicios básicos, entre otras medidas dispuestas por los gobiernos han provocado la explosión social, porque la ciudadanía rechaza cargas impositivas que impactan de forma negativa en las condiciones de vida de las familias vulnerables.
   
Se trata de una problemática crítica, porque sumerge a millones de personas en un trance deprimente e inhumano, ya que sobreviven en medio de penurias, angustias, estrecheces y calamidades.
   
Frente a los problemas sociales y económicos que perjudican a la población, las autoridades deben reorientar las políticas económicas, dejar sin efectos los gravámenes abusivos, aplicar políticas públicas eficaces y asegurar el bienestar social por la convivencia pacífica y la salud de la democracia.

Caso de República Dominicana


En República Dominica también la inflación golpea a los sectores de medianos y bajos ingresos, debido al encarecimiento progresivo de la canasta familiar, por tanto, el Gobierno debe mirar hacia las naciones que son estremecidas por la violencia, a fin de adoptar programas de prevención y controlar los precios de los productos de primera necesidad, en procura de evitar revueltas que provoquen una crisis que degenere en la anarquía.
   
Muestras de la desvalorización del poder adquisitivo de los dominicanos se refleja en la incapacidad para adquirir lo necesario para una alimentación adecuada, en razón de que sus ingresos son “pírricos” y no alcanzan para comprar un plátano por 30 pesos y otros productos que registran aumentos entre un 20 % y 30 %.
   
Hay que sumar a eso las elevadas tarifas de los servicios de energía eléctrica, agua potable, telefónico, televisión por cable, renta de viviendas, altos precios de los combustibles y los colegios privados, lo que gravita con mayor ímpetu en la clase media.
   
El Gobierno no puede estar de espalda a esa realidad y procede, entonces, que encare con responsabilidad los retos en busca de frenar la inflación por la estabilidad y la tranquilidad de la población, así como la preservación y  fortalecimiento del debilitado sistema político democrático que impera en la nación.
    
O se asumen las funciones públicas con responsabilidad o se propicia que República Dominicana sea atrapada por la violencia que sacude a otros países en Latinoamérica.

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