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Maricela Ortiz

Maricela Ortiz


No vivas por lo que ves


  • 30.06.2020 - 12:00 am

La temática para este tema consistirá en observar juntos un paralelismo de un escenario que pareciera repetirse: Mensaje de Ezequiel en una etapa de cautividad del pueblo de Israel Vs. El mensaje que le toca recibir a la iglesia de Cristo en estos tiempos del fin. Leamos:

 “Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel. Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo. Y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como miel. Luego me dijo: Hijo de hombre, ve y entra a la casa de Israel, y habla a ellos con mis palabras.” Ezequiel 3: 1-4

Ezequiel recibe palabras de Dios estando en medio de los cautivos. En ese momento fue levantando en su espíritu por el Espíritu para recibir dirección de lo que Dios quería hablar a Su pueblo. Ezequiel escuchó lo inimaginable, palabras fuertes y amargas a su entender, porque eran de “juicio” (leer cp. 3, 4). Pero cómo puede ser, si este pueblo estaba en cautiverio, y exhortar esta palabra a un pueblo sumido en el dolor de su amargura y desaliento no era tarea fácil. ¡Ah! Pero, Dios le advirtió a Ezequiel que la casa de Israel no lo oiría, porque eran duro de frente y obstinados de corazón; y por tanto no querían oír la voz de Dios. Lo que ellos no sabían que luego de ese cautiverio vendría su liberación y redención, porque Dios es justo.  

Dios permitía que las naciones que ejercían influencia y poder atacaran a Israel, pero todo con un objetivo, traer arrepentimiento, obediencia y sujeción a Sus mandamientos. Nunca fue para destruirlos, todo lo contrario, siempre libró y preservó sus vidas. Siendo nosotros entendidos y sabiendo el origen, el propósito y todo lo que se cuece tras bastidores con esta pandemia, podemos deducir por la Palabra que son tiempos proféticos, y como iglesia de Cristo tenemos que avanzar al siguiente nivel, no vivir por lo que vemos, sino fortalecer nuestra fe, y entender que ninguna profecía es de interpretación privada, porque todo lo que está escrito tiene que cumplirse, y es hora de edificar de acuerdo al diseño y tiempo de Dios.  

El pueblo de Israel vivió por lo que veían sus ojos, por eso no transicionaron, porque no entendieron el trato que Dios quería con ellos; y vieron la cautividad (su circunstancia) como su final, justificándose en la rebeldía, en vez de arrepentirse y volverse a Dios; y es lo mismo que estamos viendo en estos tiempos del fin, las enfermedades, la escasez, los problemas financieros, psicológicos, emocionales y familiares que esta problemática ha agudizado (porque ya estaban), ha traído dureza de corazón, provocando rebeldía, desinterés y apatía en las vidas. Con más razón tenemos que predicar la Palabra. Dios así lo quiere. No viendo lo que se ve, sino lo que no se ve.

Son tiempos de juicio provocado por el hombre, y en este caso permitido por Dios para ajustarnos a Su Kairos, y de este modo estar alinearnos a Su propósito. Si todo esto provocado por el hombre ha traído remoción, qué pasará en aquellos días del juicio de Dios, donde Él desatará su ira; y como dice en 1 Pedro 4:18 “Y: Si el justo con dificultad se salva, ¿En dónde aparecerá el impío y el pecador?” Realmente, estamos siendo removidos, cedaceados y evaluados; pero todo es para Dios traer orden y madurez a Su ekklesia, para que, permanezcamos firmes en el fundamento que es Cristo, y para hacernos más fuertes espiritualmente. Mire que el que esté firme que no caiga.

Así como Dios tuvo que tratar con el pueblo de Israel, al punto de que sean atacados por imperios babilónicos, destruidas sus ciudades, perseguidos, llevados a cautividad, hoy también, estamos siendo cautivos de un sistema irredento, colapsado y engorroso, sin embargo, nuestra posición como hijos es creerle a Dios y permanecer en la Roca, ya que, a diferencia del pueblo de Israel vivimos bajo la gracia y tenemos al Espíritu Santo que nos redarguye. Nosotros somos presos de Dios, no del mundo; y aunque pareciera que estemos en “cautividad”, no es para servirle a los sistemas, sino para que desde adentro revolucionemos el Evangelio de Cristo más que nunca con poder y gloria. Es nuestro deber exhortar la Palabra a tiempo y fuera de tiempo, para “El que oye, oiga; y el que no quiera oír, no oiga.”. Solo cumplamos con nuestra asignación.   

Vamos a ver cómo Ezequiel lleva un mensaje de amonestación (juicio) a un pueblo en cautividad. Tel –abib era la ciudad principal de los cautivos judíos. Y el período acostumbrado para manifestar una pena profunda eran siete días, era la costumbre. Leamos:

“Me levantó, pues, el Espíritu, y me tomó; y fui en amargura, en la indignación de mi espíritu, pero la mano de Jehová era fuerte sobre mí. Y vine a los cautivos en Tel-abib, que moraban junto al río Quebar, y me senté donde ellos estaban sentados, y allí permanecí siete días atónito entre ellos. Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí palabra de Jehová, diciendo:  Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma.” Ezequiel 3:14-19

Esta es una excelente estrategia para estos tiempos. Ezequiel antes de llevar el mensaje se puso en el lugar de ellos; lloró junto con ellos; Ezequiel se sentó con ellos a oír su sentir; compartió con ellos y se dio a conocer como el enviado, un mensajero de Dios, y luego exhortó el mensaje. Este escenario es tan idéntico al que estamos viviendo, que, por qué no tomar estas estrategias de Ezequiel para acercarnos aquellos que están renuentes a oír la Palabra, y de este modo hacerle saber que hay esperanza.   

Juicio “heb. mishpât” “gr. Kríma” Cuando la Biblia habla de juicio no es más que los derechos de Dios para juzgar lo que ya Él de ante mano había expresado en Su Palabra, por tanto, en Su soberanía llevó y seguirá llevando a cabo las decisiones (en Su kairos) para la ejecución de Sus sentencias previamente definidas y citadas a lo largo de las Escrituras. Reconfiguremos esta palabra en nuestro archivo memorístico, ya que tendremos que usar los textos para edificar la iglesia de Cristo, no desde un sentido peyorativo que tanto daño hace, y que, de hecho, tenemos malas experiencias; sino, más bien, en el sentido propio de su significado contextual sujeto al tiempo de Dios y exhortada al pueblo con el corazón del Padre. Pues Dios envía su Palabra para traer arrepentimiento, entendimiento y conciencia, tanto a los creyentes como al no convertidos, para que abracen la salvación, y consideren.    


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