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Luciano Filpo

Luciano Filpo


Necesidad de lo Social


  • 07.08.2020 - 12:00 am

Después de la caída del muro de Berlín en 1989 y el fin de la Guerra Fría se especula el fin de las ideologías de la historia (Fukuyama) y la urgencia de nuevos paradigmas sociales. Algunos autores como Vattimo, Touraine, Lukman, Gidens, Bauman hablan de la crisis de la modernidad, de sus consecuencias en lo social, también se enfatiza la necesidad de observar el discurso de la globalización y su conexión con la narrativa neoliberal caracterizada por lo individual, hedónico, estético, lo privado sobre lo público, la secularización de la sociedad, la felicidad del consumo, la sociedad del hipervínculo, la saturación de la información, lucha entre alienación y discernimiento, comprensión de lo social. Desde la filosofía aristotélica se plantea el carácter social y gregario del ser humano, su naturaleza de animal político, homo eticu, homo oran, homo esteticus.

Alain Touraine ha trabajado varias obras para explicar lo social y lo moderno. Lo social no implica renunciar a la singularidad del individuo a la integridad de este, también lo plantea el personalismo educativo. Touraine se formula una pregunta como reflexión ¿Podremos vivir juntos? Aquí el francés sitúa el debate de la modernidad en la globalización, en esta avalancha que procura aldeanizar la vida social y la cotidianidad desde estas fuerzas incontenibles empujadas por el mercado, se procura ignorar la diversidad y el aislamiento de comunidades que se resisten a perder su identidad o a cederla a las grandes corporaciones que pretenden decidir los destinos del mundo.

Peter Druker habla de tribalismo para referirse a las reticencias comunitaria frente al anonimato y la pretendida homogenización de la cultura. La modernidad horada lo social, pero también la identidad ciudadana, en el nuevo orden lo importante es el cliente el consumidor, se construyen catedrales que inducen al individuo a la masificación, anonimato a acomodarse en la manada. Se promueven como realización del ser humano el dinero, violencia, sexo y trivial, se colocan al margen los temas sociales, el compromiso comunitario, la ciudadanía planetaria o cosmopolita; lo social va más allá de la moda, consumo de los colectivos, es el compromiso, la conciencia orientada al bien común, a la sostenibilidad de la vida, la necesaria convivencia civilizada. Lo social como crítica de la desigualdad, exclusión y marginalidad.

Según Touraine la crisis de las instituciones de la modernidad ha generado un proceso de desocialización. La nueva sociedad instrumentaliza y explota a las mujeres tal como lo expresa Touraine en su ensayo "El mundo de las mujeres". Los patrones estéticos y los modelos de consumo colocan a la mujer como un ser más vulnerable a las campañas publicitarias y la seducción social, todo es parte de una sociedad erotizada, capaz de instrumentalizar la fecundidad y la lactancia. Bauman consagró cientos de páginas para hablar de la modernidad líquida, de la sociedad sin forma, moldeable, dominada por la crisis existencial del sujeto donde hay una aparente debilidad de lo social, donde el individuo no encuentra las herramientas para bregar con la convivencia, interacción, la otredad. Donde el altruismo y la filantropía parecen ser menos importantes que la misantropía.

Se debe procurar una línea de correspondencia ética entre lo social y lo individual, lo público y lo privado, lo pagano y lo profano, lo socrático y dionisíaco. La vida en pandemia ha puesto de manifiesto las miserias humanas, así como las capacidades de entrega y sacrificio por otros. Entre individuos, grupos corporativos, gobiernos, lobista, se asumen poses y prácticas que desnudan la condición humana que muestran como diría Albert Camus lo absurdo, el sin sentido de los actos, el drama existencial, la necesidad de cercanía, de ser escuchado, asistido y hasta comprendido. Unos no han escatimado la coyuntura fatal de pandemia para procurar ganancias, beneficios particulares; otros se colocan en una perspectiva de ignorancia, prepotencia, arrogancia personal para obviar protocolos y mecanismos de conservación social. Parece que el miedo a la libertad planteado por Erich Fromm es algo recurrente en el ser humano, el cual apela al orden, miedo y necesidad de cooptación social para asumir determinados comportamientos sociales. 

La pandemia ha puesto a prueba el supuesto carácter universal de los sistemas sanitarios; ha colocado en el debate El dilema moral de la vida prioritaria del joven frente al envejeciente. Este parece un principio maltusiano, es casi una eutanasia desasistir al envejeciente, para potenciar la vida del joven. La filósofa Adela Cortina ha denominado esta tragedia como gerontofobia, odio al envejeciente, ya desde organismos como el FMI se había advertido acerca del peligro que encarna para la economía global la larga longevidad de las personas. Touraine habla de la necesidad de promover un nuevo paradigma más humano, ciudadano e inspirado en el respeto a los derechos Humanos, la democracia, el fortalecimiento de la sostenibilidad de la vida y la naturaleza. Quienes viven en los ethos de la marginalidad, la exclusión y la invisibilidad enfrentan el día a día, la informalidad encara el hacinamiento, la promiscuidad, envilecimiento social son etiquetados como lumpen y empujados al bajo mundo.

Lo social como expresión estructural para dar respuesta a la vida cotidiana, excomulgar el individualismo etéreo, vacuo y pueril. La coyuntura global pone de manifiesto la necesidad de recuperar la racionalidad, la capacidad gregaria para impulsar iniciativas que trasciendan la individualidad. La pandemia ha evidenciado la incapacidad de muchos para acoger comportamientos y actitudes necesarias para hallar el equilibrio entre los seres, la producción y disponibilidad de los recursos. Las consecuencias económicas, sociales, sanitarias aún son inciertas la madurez ciudadana nos llama, pero en sociedades con sistemas democráticos precarios también la formación y el comportamiento ciudadano muestran falencias. Lo social sigue en la perspectiva de superponerse a lo individual sin renunciar a la integridad del individuo.

El autor es Dr. en Educación.


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