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Redacción

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Momento de paciencia


  • 08.04.2020 - 12:00 am

La decisión del Senado aprobando una emergencia por un nuevo período de otros 25 días adicionales, que probablemente será aprobado en la Cámara de Diputados, impone la necesidad de que la población responda positivamente, respetando la nueva cuarentena y la prolongación del régimen de toque de queda.

Para un país como el nuestro con serias debilidades en su sistema de salud pública, pese a la fuerte inversión en la rehabilitación de la red de hospitales hecha por el gobierno, es necesario contar con la obediencia y paciencia de la población a modo de colaborar y propiciar las medidas de aislamiento social como recurso para detener y hacer desaparecer el virus que está afectando a miles de personas que no encuentran los servicios y fármacos apropiados para su curación.

Por esas circunstancias se hace imperativo que la ciudadanía se mantenga aislada en sus hogares y, de tener que salir, mantener la distancia prudente con respecto a los demás, evitando los conglomerados humanos. Esa es la estrategia para combatir el coronavirus. La ciudad china de Wuhan, donde apareció y de donde se expandió el coronavirus, al término de 11 semanas ahora se prepara para reactivar su normal funcionamiento, después de haber sido sometida a un aislamiento total, que la población cumplió de forma estricta.

Nosotros los dominicanos debemos tomar como referencia ese comportamiento y obedecer los protocolos de higiene y de aislamiento social recomendados por las autoridades públicas y médicas, manteniéndonos en casa para cortar la cadena del contagio de la enfermedad.

Las autoridades civiles, militares y policiales deberán ser severas y firmes para que esos protocolos se observen por todos los ciudadanos, de modo que el control del coronavirus y su desaparición se logre durante el nuevo período de emergencia y toque de queda, que se extenderá hasta la primera semana de mayo. 

Ese es el desafío urgente al que se enfrenta toda la nación. Las autoridades no deben excusar desviaciones conductuales de los ciudadanos muy habituados a reacciones informales y emotivas, muy propias de la formación de naturaleza primaria de la mayoría de los dominicanos. La informalidad emotiva no debe colocarse por encima del ciudadano portador de derechos y deberes formales y universales. Para los desviados el castigo civilizador.

Lograda de esa forma la superación de esta espantosa contingencia dolorosa que amenaza la vida de todos, entonces se podrá enfrentar los demás renglones de la  vida social, incluyendo las actividades económicas y políticas, para luego restablecer la cotidianidad suspendida por el impacto del coronavirus. 

Llegado ese momento es que la conducta racional indica apropiado para hablar y preparar a la nación para, por ejemplo en el plano político, organizar y preparar la celebración de elecciones para elegir a las nuevas autoridades nacionales que asumirán el mando a partir del 16 de agosto. En ese orden le toca al organismo electoral y a los partidos establecer el consenso para redefinir el calendario modificado por el estado de necesidad impuesto por la pandemia, calendario que ojalá se armonice con la fecha límite que establece la Constitución para el fin del periodo de gobierno.

En esa perspectiva no caben intenciones “maliciosas” ni “chivismos” tradicionales. La clase política debe ascender a la racionalidad institucional. 

¡Tengamos, pues, paciencia civilista!        


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