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Fausto García

Fausto García


Mi funeral en perspectiva...


  • 18.08.2019 - 04:37 pm

La vida y sus cosas son de forma y de fondo.  Lamentablemente, hay quienes pierden el fondo, por estar guardando “las formas”. (Fausto García)

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Hace varios años que vi, junto a parte de mi familia, una película llamada “Bajo la misma estrella”, interesante historia de una adolescente con cáncer terminal que, al ingresar otro joven a su reciento de tratamiento, cambia totalmente su vida. Hay una escena donde uno de los actores redacta una carta para ser leída en su funeral. Al verla, me dije aquella vez: pero este tipo me robó mi idea, pues justamente había pensado en hacer lo mismo. Fíjense ustedes cuando nace una idea en nuestras mentes y cuanto vive en el almacén de la memoria y como esta puede buscarla en cualquier momento para ejecutarla.
   
Las estaciones del año están ahí y lo están para vivirlas a plenitud cuando nos corresponde, pues llegan y pasan, y por igual la vida, con sus etapas o entradas.  A alguien se le ocurrió compararla -muy genial- con un juego de pelota, y, por tanto, formada por inning, del 1 a 9, representados por décadas, vale decir que, en mi caso, yo estoy en la quinta entrada. Vea a ver en cual usted se encuentra, a sabiendas de que el partido se acaba en la novena, por allá por los noventas a más tardar…    
   
En la segunda carta de San Pablo a Timoteo, 4,21, él le dice “Haz todo lo posible por venir antes del invierno”. Esto por si acaso usted lo duda.  A todos nos llega el invierno de la vida, como nos dice el refranero, a veces anochece y no amanece, usted se acuesta y no se levanta, en fin, pasa la vida, se va. En el 2015 produje algo que se llamó: “Se va la vida…” y decía: “Ligera de equipaje/ Con tan solo su ticket de abordaje/En caminos y carreteras/Sin detenerse en puertos ni fronteras/Sin hacer ni dejar camino/Tampoco estelas en la mar…”
   
Divulgué ese tema un viernes y me fui de playa con la familia el fin de semana, de regreso me encontré con un ciudadano sin apellido, para no decir sin madre, que se le apagó su vehículo, -una chatarra de esas que abundan en nuestras calles-, y se le ocurrió quedarse montado en el mismo, medio a medio al carril y en una curva.  Cuando vine a advertir el obstáculo, ya estaba prácticamente encima en de él, por lo que frené hasta el fondo como decimos, las gomas gritaron, y los que venían detrás de mí, por igual, gracia a Dios nada paso. Imagínense que habiendo escrito aquello de que “Se va la vida …” se hubiera ido la mía esa noche.  Pero, en fin, importa resaltar y aceptar que ella pasa, ella se va, que el invierno llega en cualquier inning o entrada sin importar como estén las bases, ni cuantos outs vayan.
   
Para el caso de que algunos de ustedes me sobrevivan -y que serán muchísimos- es posible que unos cuantos vayan a mi funeral.  De hacerlo no irán a uno distinto, sino a otro más, a otro velatorio más, y tal vez a otro entierro más, pues muchos solo van a la funeraria -para cumplir con las familias-, pues hay que dejarse ver, y no van al cementerio porque siempre tienen algo que hacer o alguien los espera.  Lo importante aquí es que no importa si solo a la funeraria o a esta y al cementerio, la vida, incluida la suya, se va, por allá nos juntaremos.  Hay un merengue, de Peña Zuazo, que se llama “Tu muere aquí” que debiera de ponerse de bienvenida en los cementerios para los que creen que serán para semillas, como dicen los viejos del campo.
   
En mi caso será otro funeral más porque no soy quien, para que sea distinto.  Además de que no creo que exista ese “quien” pues entre uno y otro, cuando se trata de difuntos no hay distinción, pues, a fin de cuentas, como dice el refranero “el muerto con tierra tiene”, al menos el cuerpo digo yo, y además porque ella, la atrevida como la llamé al asistir al funeral de un amigo -Roberto Gil López- es justamente una atrevida. Y como ella es lo que es, desde ahora dejo lista la segunda parte, por si acaso…



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