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Samuel Reyes

Samuel Reyes


Mejor que no se celebre nada


  • 06.04.2021 - 12:00 am

A sazón del lamentable incidente que le costó la vida a una pareja de predicadores evangélicos en la noche del pasado martes 30 de marzo se ha traído a colación una vez más el tema de la brutalidad policial en República Dominicana.

Según Amnistía Internacional el término “brutalidad policial” se usa para referirse a diversas violaciones de derechos humanos cometidas por la policía. Puede incluir palizas, insultos racistas, tortura, homicidio ilegítimo o el uso indiscriminado de agentes de represión de disturbios en manifestaciones.

Además, el uso ilegítimo de la fuerza por la policía puede violar los derechos a no sufrir discriminación, a la libertad y la seguridad, y a la igualdad de protección ante la ley.

En el caso de la pareja de esposos evangélicos Joel Diaz y Elizabeth Muñoz, sucumbidos ante las balas de la policía estos no cometieron delito alguno, ni representaban el más leve peligro para los uniformados, ni tampoco participaban en jornadas de protesta, ni se rebelaron contra la fuerza pública, ni opusieron resistencia ante ellos. 

Simplemente fueron víctimas inocentes que estuvieron en el lugar y la hora equivocada dirigiéndose sin saberlo hacia el aguijón de la muerte. En esa noche trágica los agentes los confundirían con criminales tan temibles que no se tomaron el riesgo de dialogar con ellos ni detenerlos ya que solo merecían el idioma de las balas. 

Según el derecho internacional, los agentes de policía nunca deben usar los medios letales excepto como último recurso, es decir, cuando sea estrictamente necesario para protegerse o proteger a otras personas del peligro inminente de muerte o lesiones graves, y sólo si las demás opciones para reducir el peligro son insuficientes.

Este homicidio de la pareja de pastores claramente no cumple estos criterios. Estos miembros de la comúnmente pacífica comunidad evangélica muertos a manos de la policía iban desarmados.

Los esposos asesinados se prestarían muy bien como símbolo de lucha por tratarse de personas fallecidas violentamente bajo el manto oscuro de la brutalidad policial. 

Si por ellos se llegara a declarar un día de la lucha contra la brutalidad policial en nuestro país y las autoridades del poder ejecutivo no hacen nada para traer la excelencia a la policía entonces mejor no celebremos nada. 

Si este crimen no va a servir para provocar una profilaxis de los descalificados para combatir la delincuencia porque son hartos infractores de la ley, mejor que no se celebre nada porque padeceríamos todavía la desilusión de una institución que no vela por el orden público. 

Que tampoco se les tome como iconos para protestas si la uniformada gris no sufre una metamorfosis que traiga un poco de la voluntad de Dios a la tierra, así como se hace en el cielo.  


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