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Fausto García

Fausto García


Me dejaron trancado en el parque central


  • 10.02.2020 - 12:00 am

La vida y sus cosas son de forma y de fondo.  Lamentablemente, hay quienes pierden el fondo, por estar guardando “las formas”. (Fausto García) 

A la atención de don Jorge Clase

Creo que tiene un nombre, pero no lo recuerdo. Me refiero a que uno elige o tiene un sitio favorito en la casa para sentarse, en la cama para dormir, en la iglesia para participar del culto, y, en fin, hasta para ejercitarse, los que nos gusta hacerlo al aire libre.  De tiempo en tiempo nos casamos con ciertas zonas (parques) o complejos deportivos (canchas) para hacerlo, aunque llega otro tiempo que sin darnos cuenta dejamos de asistir y lo hacemos por largo tiempo.  En mi caso lo veo bien y me gusta hacerlo, pues es una forma de romper la rutina, que a decir de don Ignacio Larrañaga es un enemigo invisible.  Les prometo en una próxima entrega, tratar el tema. 

Hace varios meses produje un artículo resaltando las bondades del Parque Central de Santiago, tanto a nivel de medio ambiente como de la importancia para el desarrollo de las actividades físicas-deportivas, y, por ende, de la salud.  Aproveché en esa ocasión para hacer algunas sugerencias, como la de poner un aviso a la entrada principal por lo menos, indicando el horario de servicio del parque; y la creación de una especie de “Rincón vial o del tránsito”, vale decir, escoger un rincón o área y poner ahí todas las señales de tránsito con sus significados para que los padres lleven a sus hijos pequeños -que son muchos que van- y empiecen a educarles en torno a una materia que en nuestro país se caracteriza por el caos, como lo es el tránsito.

A propósito de horario, en el tiempo que más asistía al parque, estaba abierto hasta las 9:30 p.m. y ya a las nueve empezaba la seguridad a dar un primer aviso y faltando unos diez minutos, apagaban como 1/3 de las luces del fondo.  El miércoles 5 de los corrientes estuve por allá y pensé que las cosas eran igual, pues al menos no  hay ningún aviso de horario al entrar.  Pero no es así.  Llegué como a las 8:30 p.m. y Salí a las 9:25 p.m. Cuando retorné a la salida la puerta estaba cerrada con cadena y candado. Al echar un ojo me di cuenta de que estaba prácticamente solo, divisé a lo lejos de la pista dos personas que subían.

Toqué una vez bocina, cerca de la caseta y salida, pero nadie salió.  Di la vuelta por las instalaciones de las oficinas administrativas, buscando alguna salida o alguien con quien hablar. No vi a nadie por ningún lado.  Me di cuenta entonces que me dejaron trancado en el Parque Central.  Las dos personas referidas, se acercaban también a la  salida, por lo que decidí esperar a ver que harían. El joven trataba de pasar por una rendija, pero su cabeza no le permitía (esta no es plegable como los modernos celulares).  Intentaba treparse por la verja y yo pensaba ¿y ella? ¿Una señora robusta, como lo haría?  ¿Y yo, como trepo el carro? Cruzaban estas preguntas por mi mente, cuando de repente se abrió la caseta y salió un ciudadano haitiano -seguridad- y dijo: “Te voy a abrir por la mujer y el carro”. Así lo hizo.  Al salir yo le decía que no hay aviso o letrero del horario ahí y él me dijo es las 9:00 es que cierran, yo insistía y él me dijo, está en la internet, búscalo en la internet, ahí está.

Me quedé con el borrador hecho sobre un artículo cuyo título era: “Calle perimetral del Parque Central incentiva violación a la ley”.  Destacaba en el que a pesar de la congestión del tránsito en Santiago, y por ende, en los sectores aledaños al parque, dicha calle se hiciera para servir de adorno a la zona, pues la pusieron a operar en un solo sentido o vía, vale decir, de sur a norte y entonces, todos los que viven en el Ejido, Hoyo de Bartola, Barrio Los Santos, Padre las Casas, Cecara y Residencial Henríquez, no podían usar la vía sino era en esa dirección, pues las señales de tránsito, bastantes por cierto, lo impedían, sin embargo, las gentes la usaba como doble vía, constituyendo dichas señales un incentivo a violar la ley.  Por fin, apareció un cerebro con sentido común y se puso de dos vías, aunque hay un tramo pequeño confuso en la parte norte (Barrio Los Santos-Hoyo Bartola) que debe ser aclarada y corregida. 

El día aquel del encierro hubo una anécdota importante y es que, al entrar, llevaba un vaso de esos que llaman “fon” en las manos.  A sabiendas ustedes para lo que mayormente se usan, a la seguridad le llamó de inmediato la atención y me dijo que no estaba permitida bebida en el parque (refiriéndose naturalmente al alcohol), pero le dije que no tenía alcohol ahí, que era soda, limón y naranja.  Me dijo, uh…, usted está seguro, excúseme, ¿pero déjeme ver?  Lo destapó, olió par de veces cual perro huevero (con insistencia) pero no descubrió nada.  Me dijo a seguidas: usted es el primero que me dice la verdad, pues todos los que vienen, lo ligan con alcohol y quieren confundir a uno.  Por otro lado, lo dedico al señor don Jorge Clase, con quien compartía, hará casi un año, algunas inquietudes una mañana en que nos encontramos en dicho parque, incluido que, para esa época, a veces en la mañana había que esperar al encargado de abrir, pues le cogía el sueño de vez en cuando.  No se ahora como andará ese parte. 

Me pregunto para terminar, ¿a diario o semanalmente, a cuantas personas deja la administración del Parque Central de Santiago trancadas?  Y mas simple o sencillo aún: ¿Qué cuesta un letrerito visible a la entrada del parque y en los laterales dando la bienvenida e indicando el horario?  Ojalá aparezca otro cerebrito con el mínimo del SC, como solía yo decir a mis hijos cuando eran niños, y todavía, pero con menos frecuencia. 


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