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Redacción

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Marco ideológico del gobierno


  • 02.11.2020 - 12:00 am

El Gobierno de Luis Abinader ha trazado una visión ideológica a partir de su identificación con el mo­delo de “libre mercado”, o­rientado para beneficiar al sector empresarial privado. Así lo demuestra la composición técnico-profesional de la mayoría de su gabinete. También así lo indican los grandes proyectos económicos que se ha propuesto ejecutar durante su gestión.

Está por definir su apoyo al sector empresarial que impulsa la mediana y pequeña empresa, así como a los productores agropecuarios, y que pondrían de manifiesto su vocación democrática basada en la mediana y pequeña empresa, que es el sector de mayor impacto en la generación de empleos, en la calidad de vida y en la formación de la “pujante” clase media..

Cónsono con ese modelo empresarial, su orientación ideológica ha sido claramente expuesta en el plano de las relaciones internacionales, cuando delimitó el espacio que tendría el imperio chino para sus inversiones en el país. En ese orden, los chinos no podrán invertir en áreas estratégicas como son puertos, aeropuertos y las telecomunicaciones.

Esa definición limita el rango de operación de los chinos, respecto a los ámbitos que se habían concebido al abrirse el país a las relaciones con China Popular, hace poco más de dos años, cuando el gobierno dominicano pasado estableció con el gigante asiático unos 18 acuerdos en las áreas financiera, comercial, migratoria, agrícola, educativa, turística y de aeronavegación, incluyendo el financiamiento del Puerto de Manzanillo. 

Por el contrario el gobierno de Abinader confirma su adhesión a los EE.UU, al reconocer que es el principal socio-comercial de la República, cuyas relaciones se habrán de mantener y fortalecer, además de que los EE.UU es el principal receptor de la gran emigración dominicana, donde residen más de dos millones de nacionales.

Definida la ideología del “libre mercado” y su decidido apoyo a la masa empresarial, al gobierno de Abinader solo le falta poner el énfasis en el criterio político de la eficiencia en la operatividad del Estado como impulsor de la iniciativa privada, para lo cual ya también ha adoptado la estrategia de los contratos publico-privados para solventar la factibilidad de los grandes proyectos a desarrollar.

También le falta definir con mayor claridad las políticas sociales, mediante las cuales se conectará con los grandes sectores populares y con su propia base partidaria, la cual solo atina a demandar acceder a los cargos públicos.

Un aspecto que completaría la agenda de gobierno, es el fortalecimiento de la institucionalidad democrática y las leyes, aspectos que incluyen la materialización de la inevitable persecución de la corrupción y la impunidad.

La realización de esa agenda, supone por último la capacidad del gobierno para sortear los escollos que provendrán de la resistencia de la oposición. Si logra esto último, navegará sin mayores dificultades estructurales y siempre contando con el apoyo del Norte.

¡El panorama, pues, parece optimista y manejable!

  


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