Comentarios Recientes

0
Josefina Almánzar

Josefina Almánzar


Los Pepines el barrio donde nací


  • 29.11.2019 - 12:00 am

Nací en Los Pepines, en la calle Doctor Eldon, no.56. Allí viví hasta los 9 años de edad. Esa calle tenía la particularidad, entre todas sus especialidades, que en la misma vivían mis dos familias, la paterna y la materna. Mis abuelos, abuelas, bisabuelas,  tíos, tías, primos, primas de ambos lados.

Los Pepines es uno de los barrios más emblemáticos de esta ciudad de Santiago, estaba ubicado en el centro de la ciudad (y hablo en pasado porque la ciudad ha ido creciendo de una manera tan desordenada que ya no sabemos cuál es el centro de nada). Estar ubicado en el centro de todo, en ese entonces, hace que sus habitantes sean tan especiales, tan seguros que se comportan como si no necesitaran a nadie.

Cuando recorro las calles de Los Pepines, ya que nunca me he apartado del barrio, mi centro familiar permanece allí me remonto a mi niñez, vuelvo hacer la niña que jugaba en libertad, vuelvo a ver cómo los vecinos se pasaban un plato de comida al mediodía cuando sabían que alguien no tenía con que comer. Oigo a la mujer que vendía dulces en frascos de cristal, oigo al famoso: “va querer o no va querer, va a querer…” Huelo el pan recién hecho del panadero que llegaba en las tardes a vender el pan de la cena o el pan dulce para la merienda, como de la sopa de Mélida, esa famosa sopa esperada por todo el barrio. Vuelvo a tomar el jugo de avena de mamá Lolo, corro despavorida del perro de Dinora que me quería morder cada vez que pasaba por el frente de su casa. Vuelvo a ver en mi memoria a todas las personas que llegaban cada tarde a comer en la fritura de la vecina Magdalena, fritura que sirvió para mantener a su numerosa familia. El colmado de Papito, la leche fresca en bodegones comprada en Los Álvarez, la tienda de Flérida, la escuelita del patio donde Niñita, la cual sirvió de centro de alfabetización de los niños y de las niñas del barrio, en fin, vuelvo a ver todas las estampas de mi niñez en el barrio.

Sí, Los Pepines es un barrio que entre sus calles encierra grandes vivencias. No sólo concentró por muchos años la parte cultural, el carnaval con sus lechones y roba la gallina, el palo encebao, los combos de Son bailando en las calles los domingos en la tarde, el juego de San Andrés, por mencionar algunos, sino que también era barrio de mucha gente revolucionaria donde los estudiantes de las escuelas Onésimo Jiménez y Méjico marchaban contra el régimen de Balaguer en sus tenebrosos 12 años. Aún recuerdo la consigna “movilización contra Balaguer…” Desde una ventana de mi casa los veía pasar, yo me quería ir detrás de ellos, pero obviamente no me dejaban.

Recuerdo el club del barrio, las inquietudes políticas de la juventud del barrio, la opresión, persecución y hasta desaparición de muchos jóvenes de la época, la “guardia colora” en su “perrera” se los llevaba al lugar del nunca retorno, mientras sus madres lloraban sus lágrimas de sangre detrás de ese vehículo, arrastrándose por las calles.

Recuerdo los domingos en las mañanas, la calle se convertía en la calle de todos y de todas. Nos dejaban jugar, correr, mientras mi abuelo Pelen se preparaba para empezar a tocar sus maracas para el Son con sus amigos que pronto llegarían y así armar la fiesta del domingo, entre tragos, locrio de pica pica y botellas vacías que hacían las veces de instrumentos musicales. Por otro lado, el “picó” de la vecina Nina hacían la competencia con los artistas salseros y soneros de la época.

Los  domingos eran definitivamente especiales en el barrio. La iglesia de La Altagracia  replicaba sus campanas llamando al barrio a honrar a Dios en su día. Mami me cambiaba temprano con el mejor vestido y en su ritual estaba llevarme a misa, cruzar al parque Duarte y luego comprarme una barquilla en Los Capri, si había dinero, para luego sentarme en el frente de la casa en mi mecedorita a ver pasar a la gente cruzar por la calle.

¡Así recuerdo al barrio, como esa comunidad de personas que ríen, cantan, lloran, bailan, caminan, aspiran, sueñan, viven! Invitándonos a crear comunidad en los diferentes espacios donde estemos.

¡Ahora Los Pepines, es el barrio de los murales, de los domingos del Son de Antonio Keka, de los muchachos del Cupe, del Colmando del Boli! ¡Sé que sigue siendo un barrio de gente trabajadora, decente, servicial y buena porque es simplemente un territorio libre!

La autora es abogada y docente universitaria.


Comentarios

Name of User
Sé el primero en comentar

Ir arriba