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Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


Los científicos buscan solución y respuestas a problemas y necesidades humanas


  • 25.05.2020 - 12:00 am

El día 8 de mayo, La Información publicó un artículo intitulado “¿Dónde están los científicos?” calzado con la firma del señor Vinicio Guzmán Luciano (VGL), que por las afirmaciones que hace, y dado que es posible que la lectura de ese artículo genere confusión  en muchos jóvenes del bachillerato, quiero, sin que pretenda que el autor revise su opinión, aclarar y establecer la certidumbre de varios puntos de fundamento incuestionable  sobre la ciencia y los científicos que esa opinión pretende desdibujar y reprochar o desconocer.

Aunque lo dicho por  VGL podría tomarse como la simple opinión de un ciudadano, sin embargo, me preocupan sus afirmaciones porque muchos lectores podrían tomar como razonables y creibles dichas afirmaciones al creer, erróneamente,  que tienen asidero en observaciones empíricas. 

Lo dicho por  VGL de que “el COVID-19 es un negocio de laboratorio para engañar y que los magnates del control mundial, incluyendo la OMS, han diseminado engañando al mundo…..”,  es una afirmación temeraria por estar basada en un rumor de redes sociales donde la ciencia ni los científicos tienen lugar ya que el terreno de las redes sociales es el “flow” y la chercha de Boruga o Chedy García, y el de la ciencia es  el método científico, la hipótesis, la prueba, la experimentación, la observación cuidadosa, la tabulación de datos observados, el rechazo o la aceptación de una hipótesis, la comparación, la inducción, la deducción,  la posible generalización del hecho observado, la construcción de una teoría, la refutación  y la falsación de una teoría. 

Lo único que diferencia a la pandemia COVID-19 de otras que muchos años atrás han azotado a la humanidad con igual o mayor virulencia y letalidad, es su velocidad de propagación del contagio, y todos sabemos qué factores son responsables de esa asombrosa rapidez de  propagación del virus causante de la infección: 1) la movilidad de las gentes que, a diferencia de la que hubo en la Edad Media, hoy es casi infinita, 2) la rapidez de desplazamiento de  masas humanas por aire, mar y tierra, por el fondo de los mares y por el vientre de la tierra de un continente a otro, tiene un tinte astronómico, y 3) la conversión del mundo demográfico en un gigantesco vecindario donde todos conversan, trabajan y se divierten como si fueran viejos amigos. 

Según parece, VGL se siente molesto con los científicos porque estos aun no desarrollan una vacuna contra la pandemia que nos abate desde hace dos meses. Tal vez por eso dice: “No  hay una vacuna para la pandemia, no hay claridad en todo este problema de carácter mundial. No hay interés por la humanidad……”. Mi amigo Vinicio Guzmán piensa que el desarrollo de una vacuna es tan fácil como ir al Hospedaje Yaque a comprar una lengua de vaca o dos libras de bofe. 

El desarrollo de la ciencia y el esfuerzo de miles de científicos que desde hace milenios buscan solución a distintos problemas humanos está a la vista de todos y hasta de  aquellos que los desacreditan aun sin tener  conocimientos organizados para hacerlo. 

Fue a mediados del siglo 13 cuando el matemático italiano Fibonacci, quien entendía  un poco la lengua árabe, fue a Oriente Medio y  allí aprendió cómo era la numeración hindú-arábiga; la trajo a Europa y esta nueva numeración sustituyó la numeración romana. Sin embargo, pasaron casi 1200 años para que en Occidente aprendiéramos el uso del cero que habían inventado los matemáticos de la India, y es solo a partir del 1919 cuando alguien pensó que nuestro sistema de numeración decimal basado en el 10, podía ser sustituido por la numeración digital que está basada únicamente en dos números, ceros y unos. En el 1800, José Fourier creó las bases en las que se funda la conversión de lo analógico a lo digital, sin embargo, fue en 1965 cuando los científicos de la IBM se dieron cuenta que ese descubrimiento facilitaba convertir los ondas sonoras anagógicas del disco de pasta y la cinta magnética en discos digitales compactos y  hoy ningún joven menor de 50 años recuerda haber visto una Vellonera sonando discos de pasta en 45 revoluciones.  Como puede verse, en ocasiones la ciencia marcha “a pasito lento”,  y en otras su marcha es a la velocidad de un Ferrari, pero siempre ha existido un gran interés en que su avance sea como el  de un cohete. 

Obtener una vacuna contra una enfermedad infecciosa no es paja de coco para los científicos. La poliomielitis dejó con invalidez y tullimiento a millares de niños estadounidenses desde el 1903, incluyendo a Franklin Delano Roosevelt,  hasta que en 1953 el doctor Salk descubrió la primera vacuna contra la enfermedad, la cual era inyectada.  Sin embargo tres años después, el doctor Sabin descubrió la actual vacuna oral contra la polio.  

La vacuna contra coronavirus vendrá, tal vez antes del 2023, pero en esto no solo basta la ciencia y científicos dedicados en cuerpo y alma a su descubrimiento; a menudo también ayuda un golpe de suerte. Actualmente, 15 laboratorios trabajan en ello con un presupuesto conjunto de 14 mil millones de dólares. En los casos de vacunas existe un protocolo, unas disposiciones inviolables para su investigación y puesta a prueba en animales y luego en humanos. Recordemos que el desarrollo de la vacuna contra la rabia le llevó a Pasteur 16 años. La sífilis y la gonorrea llevan más de 2000 años atacando al ser humano y cientos de científicos han gastado miles de millones de dólares en busca de  vacunas contra ellas, pero aún no dan con ellas. 

Es que no es tan fácil como usted lo ve, amigo Vinicio Guzmán.  


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