Comentarios Recientes

0
Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


Leonel es un tipo dichoso: sus enemigos le andan buscando un empleo


  • 15.06.2020 - 12:00 am

En todos los textos de Psicología Cognitiva moderna, los diversos autores, al abordar el tema de los liderazgos, pero particularmente el concerniente al liderazgo político, dicen aproximadamente lo  mismo: que entre las diversas habilidades del líder las más inexcusables son 1) mantener viva la llama de la esperanza entre sus seguidores, 2) recurrir a la adaptación en los casos de recaídas y adversidades, 3) ser un eficaz comunicador de masas, 4) escuchar más que hablar, 5) ser un veterano en el afrontamiento de los desafíos y 6) ser capaz mediante un don de prudencia astutamente administrado de convertir a sus adversarios en aliados y prosélitos, y poseer sobre la piel la sagacidad de plantear una nueva acción, una nueva ruta de acuerdo al escenario que lo rodea y el que vislumbra venir  

Pero, cuando uno lee lo que escriben y dicen  los adversarios del líder de la Fuerza del Pueblo,  se cae en cuenta que esos adversarios del expresidente Leonel Fernández cuando opinan sobre su rol de líder lo hacen con  el discurso de alguien que habla y camina entre tumbas de muertos  que ya no saben qué es conductualmente un líder político y cuáles son los significados que dan los lideres a su ejercicio de encabezar o simbolizar un movimiento, un partido o los anhelos de un país que busca conseguir mayores niveles de prosperidad material, de equidad social, que busca un mayor espacio  donde  la decencia política quepa cómodamente y donde los potenciales carentes de honradez  no pisen el mismo suelo que ya pisaron los deshonestos viejos. 

En su obra Castigar y vigilar (1975), el muy leído psiquiatra y filósofo francés, Michel Foucault, dice que aquel que el Estado convierte en ‘experto’ lo es porque aprendió  las técnicas para observar, medir, predecir, percibir e interpretar racionalmente, su sí mismo y las aspiraciones de los que lo siguen. Y si eso es así, resulta un planteamiento vacío que alguien  proponga que un líder, en este caso, Leonel, debe abandonar su tarea de líder político para dedicarse a otros menesteres. 

Convencidos de que Leonel, según el planteamiento vacío de sus enemigos, ya no es capaz de ver moverse ni calcular la velocidad de las ruedas del mundo, en un ejercicio de “condescendencia”  política le recomiendan ir donde los líderes de las naciones  a pedirles el cargo de Secretario o Director de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)  o que lo nombren Secretario de la OEA. Otros,  preocupados por lo cerca que estaría Leonel si encabezara la OEA o la ONU, sugieren que lo nombren jefe de la Organización Mundial del Comercio, pues así estaría en Suiza, un poquito más lejos. Por lo visto, es el primer líder político en el mundo cuyos enemigos muestran “interés” en conseguirle un empleo.

Parece que los adversarios de Leonel ignoran que los lideres, sin negar la importancia de las emociones, entienden su vida solo en relación con los que optan asumir y defender su causa, por lo que templan su carácter y elaboran sus decisiones en base a los significados que otorgan a sus observaciones y a sus percepciones. Esta es la razón por la que casi siempre los líderes políticos consumen días y años haciendo reformulaciones o interpretaciones de los distintos contextos sociopolíticos que les toca vivir. Incluso, aquí radica la razón por la que Juan Bosch, ese notabilísimo y aguzado  intelectual y gran maestro de la política en América y fundador del PLD, partido en el cual él tal vez murió pensando que dejó implantada su matriz discursiva sobre  un concepto integrador de la honradez como práctica política y la coherencia  entre lo que decimos y lo que hacemos luego de alcanzado el Poder, se tomó años en la revisión de nuestra historiografía y el estudio del carácter y conducta de nuestras clases y élites, para llegar a una “reformulación” de las ideas que teníamos acerca de nuestro atraso social y económico lo que nos ha permitido comprender el porqué la sociedad dominicana de hoy  les da categoría política  al chisme de enartamiento, al embuste grosero y al insulto político. 

Si  alguien se autoproclama o lo proclaman líder en el seno de una sociedad humana y es incapaz de articular o rehúsa todo  el tiempo articular, clarificar y exponer los conceptos de interpretación o de reformulación de los procesos que entienda deben llevar a esa sociedad por un camino distinto al que ha seguido porque su coeficiente de progreso ha sido muy lento o aún no detectable, pues usted puede llegar a la conclusión que ese es un líder ‘sarazo’, porque según lo explica Abraham Kardiner en su obra El individuo y su sociedad (2000), los líderes sociales tienen la misión no solo de alentar a sus relacionados a la aceptación de las normas de convivencia, sino que también tienen el deber de desarrollar para sí nuevas habilidades y percepciones que le ayuden a una mejor vinculación con cada periodo sereno o de crisis por el que atraviese dicha sociedad. 

Sin duda sería en extremo mezquino el adversario de Leonel que le niegue ser un aventajado en el renglón del liderazgo activo y productivo que describen los psicólogos cognitivos y también el doctor Kardiner. Por lo tanto, si Leonel no puede ser clasificado como un líder ambiguo, vago ni reperperoso, ¿por qué tanto empeño en buscarle un empleo para que deje a un lado su función de líder la cual ha cumplido productivamente para nuestra nación, con respeto hacia el país y a sus adversarios.


Comentarios

Name of User
Sé el primero en comentar

Ir arriba