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Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


Leonel, el líder que está y le gusta estar de pie


  • 18.05.2020 - 12:00 am

Si los adversarios del expresidente Leonel Fernández aún tenían alguna duda sobre la energía y alcance de su  liderazgo y  superioridad de estadista, pues la manera activa y responsable con la que  ha asumido un intenso programa de educación sanitaria preventiva de nuestro  pueblo frente a  la epidemia de COVID-19, ha debido convencerlos de la magnitud y UTILIDAD de ese liderazgo. 

Resalto aquí la característica de “utilidad” del liderazgo de Leonel porque por más vivacidad, magnitud y fuerza de estadista que posea un líder, si su liderazgo no se expresa en  acciones concretas, en decisiones relevantes y útiles para su pueblo en cualquier escenario, entonces será un líder pero no de pie sino acostado o acuclillado, y  nunca  antes, después de su Independencia y Restauración,  la República Dominicana necesitó como ahora  un líder útil que no solo esté de pie sino que permanezca de pie sin fatiga. 

Modernamente, los líderes pueden ser clasificados tomando en consideración  la significación alcanzada por las transformaciones políticas y socioeconómicas que promueven y ejecutan, en “cuantitativos” y “cualitativos”, y a diferencia de  las sociedades del mundo antiguo, como Grecia, que promovió el Helenismo solo como un canon cultural o como la Roma imperial, que logró sobresalir en base no solo a su gran iniciativa constructora y organizadora del Derecho sino también mediante la expansión territorial por medio de la guerra de anexión y apropiación, hoy los líderes políticos que alcanzan mayor notoriedad son aquellos que se hacen diestros en la capacidad de búsqueda del desarrollo de  sus pueblos a través del estimulo permanente hacia la adquisición de bienes de la cultura científico-tecnológica predominante, así como dándole impulso a la iniciativa propia por el predominio de la ética en el manejo de la Cosa Pública. 

Esta última clase de líderes, acoplan características tanto cuantitativas como cualitativas, por eso los llamamos lideres “mixtos” o  “completos”, y es este el tipo de lider que ahora mismo necesita la República Dominicana dado el nivel de descalabro económico y fiscal en que nos ha metido la presente pandemia. 

Tomás Piketty, economista franco-británico, autor del larguísimo libro tal vez más leído en Occidente en este momento, “Capital e ideología” (2019), dice en esa obra: “El liderazgo político siempre debe estar basado en una forma mínima de liderazgo moral e intelectual y en una teoría creíble del bien público y del interés general.” 

Bueno, si en nuestro país hay un líder que cabe perfectamente en el perímetro de liderazgo planteado por Piketty, ese es Leonel.  Y no creo que uno solo de sus pugnaces adversarios, a menos que finja ser un pasota, tenga la osadía de regatearle que su liderazgo tiene base moral e intelectual suficientemente firme. 

¿Acaso alguien en nuestro país ignora que Leonel es uno de los verdaderos  estadistas que nos han gobernado que mejor ha manejado los instrumentos de análisis del Estado como motor y salvaguarda del bien público y como garante de la preservación de los bienes particulares legítimos? 

Hoy más que nunca nuestro país necesita un líder de la nación  que cuente con una inagotable capacidad de discernimiento en el manejo de crisis socioeconómicas para que cumpla con acierto, ‘fuera de toda duda razonable’, todas las funciones superiores e inferiores que se agrupan alrededor de un jefe de Estado eficaz.  Ese líder es Leonel Fernández aunque ahora muchos de sus antiguos cortesanos, y sus antiguos y actuales opositores políticos, les hayan puesto trajes de aspirantes presidenciales a candidatos cuyas potencialidades dependen, exclusivamente, de una inferencia estadística.  

 Ante la ruina de nuestra economía, la cual ha sido tirada a un vacío vertiginoso por la epidemia, la nación no debe depositar su confianza en candidatos presidenciales “ensamblados” a la carrera porque esa clase de candidatos frecuentemente dan origen a gobiernos  poco o nada  enfocados  dado que carecen de experiencia y categoría para relanzar una economía asolada y de hecho paralizada.  

Los  votantes de julio venidero no tenemos tres alternativas electorales como  se quiere hacer creer, sino que apenas contamos con una solita opción: ¡volver a confiar en Leonel! Pues levantar un país, alentar la confianza de los inversionistas, ver con anticipación los riesgos de toma de decisiones precipitadas y evitar que el colapso de la economía empeore en medio de una recesión global, no es una tarea para novatos. Esa es una  tarea para un profesional experimentado como Leonel puesto que ya en el 2004 el país se la encargó y la hizo con una certeza digna de elogios. 

Ahora veamos lo que decía el decimero de mi pueblo, Manuel Titica, allá por 1922:

Elegir un presidente/se hace con facilidad,

El problema viene luego/cuando hay dificultad.

Los jimenistas pedían/ que no pensáramos bocabajo,/

Porque si Horacio ganaba/ la nación se iría al carajo. 

  


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