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Luis Córdova

Luis Córdova


La vida según Elogia


  • 07.01.2021 - 12:00 am

Por un momento parecíamos suspendidos en el tiempo. En las montañas, metidos en el corazón de la Sierra, el tiempo se mide por ratos y, en un resquicio de lentitud, el reloj le miente al calendario. 

Ni a los más jóvenes, ni a los más adultos, se les ocurrió referirse a lo que dejaba de hacer allá abajo. Para eso subimos, esa fue la promesa (cumplida con creces) de Yolanda y Manuel: desconectarnos y descansar. Permitirnos ser, entre verdaderos amigos (Esteban nos llamó “la familia elegida”), en una lista que se hizo larga y profundamente sincera.

Esos días en Los Montones, sin dudas, fue de las mejores experiencias del pasado año y la más justa y necesaria para recibir el presente.

Que las horas pasaran y que no nos preocupáramos ni siquiera por el conteo regresivo del año, constituyó una de las más interesantes lecciones: la vida, a pesar de los sobresaltos, continuará y por más proyectos que se establezcan, por más rigurosidad en cumplir cronogramas, por más “eficientización del tiempo”, lo que ha de ser… será.

Nos lo dijo Eulogia. Mujer cibaeña en ejercicio pleno y libre de su identidad. El solo conocerla vale la pena el viaje. Mejor anfitriona no se puede tener: la afabilidad, que hoy es escasa, la sensibilidad y la cercanía nos hizo recordar lo mejor de nuestro pueblo.

Dueña de unos ojos de inmenso azul, es una mujer rubia que conjuga en sus ademanes la gracia femenina con la rudeza que le ha provocado el amasar por largos años el verde hostil de un campo que desborda de paz y carencias materiales.

De tez clara como sus juicios, con respeto y gran carisma, se integró a nuestro grupo cuando a Pedro se le ocurrió una interminable entrevista. 

En un juego de premoniciones sobre el amor, tanto para los solteros (qué corregir y qué hacer), así como las recomendaciones a las parejas que convergían… entre risas ofreció algunas ideas que me parece interesante incorporar en este cotidiano afán que nos esperó en la ciudad, que poco a poco nos va quitando la paz que en unos días nos conquistó y que comienza a agigantar el deseo de volver a esa suerte de refugio.

La filosofía nos asalta. Siempre está ahí en nuestras conversaciones sesudas, en las lecturas compartidas, en las discusiones que nos entretienen pero que terminan aburriendo a los demás invitados, en la interpretación del verso de un trovador o en la hondura del habla cibaeña, rica y compleja.

La vida nos asalta. Construye escuelas desde la inocencia, desde la ingenuidad que condensa toda la sabiduría, que parte del “buen vivir” impuesto por la fe, pero sobretodo, por la formación de hogar.

La vida según Eulogia es sencilla, al igual que el amor. La fórmula para ser feliz es corresponder a quien te quiera.

Hacer el bien no porque a cambio sucederá lo correcto o lo deseado sino porque es lo justo. 

Es malo ser egoísta porque termina haciendo daño al otro y, tarde o temprano, vendrá hacia nosotros en la misma o mayor proporción. 

Para los que buscan coach sentimental, les resumió los manuales de “love coaching”: amar no debe doler y el respeto es innegociable.

Interrumpir la lectura de Homo Rebellis de Lluís Amiguet para escuchar a esta mujer sencilla que trocó lo complejo en simple, presagió que será un mejor año. No fue necesario googlear nada, ni saltarse de los clásicos hasta Byung-Chul Han. 

Al final, en otro momento de esas inolvidables noches frente a una fogata recordó, como quien ofrece un bálsamo sanador para todo dolor de la vida: “hay que estar en paz con Dios y con uno mismo”.

Eulogia que en griego se traduce como bendición, en verdad lo fue. Al conocerla me he propuesto vivir la vida asimilando las sentencias de mi nueva amiga. 


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