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Luis Alberto De León Alcántara

Luis Alberto De León Alcántara


La vida está en Cuarentena


  • 02.04.2020 - 12:00 am

Un virus nos ha cambiado la vida, ahora todos deben quedarse en casa, como medio de prevención. Llegó sin preguntar, sin avisar ni mucho menos pidiéndoles permiso a los grandes líderes de los países desarrollados. El coronavirus invadió nuestras naciones, sociedades y calles. Al parecer, este virus no tiene distinción de personas, ya que infecta a jóvenes y ancianos; ricos y pobres; famosos y desconocidos. En fin, esta pandemia no tiene familia ni conciencia, se está llevando todo el que encuentre desprevenido y en estado crítico de salud.  

Al principio no había tanta preocupación, ya que las noticias solo mencionaban los casos del coronavirus en China, pero después el panorama cambió, y de un pronto a otro, el mundo completo estaba amenazado por este mal. Y aunque en algún momento se recitó el refrán, “Guerra avisada no mata soltado, y si lo mata, es por descuidado”, los intereses personales primaron sobre cualquier llamado internacional de alerta y seguridad. El entrenamiento, el ocio y otras prioridades, provocaron que se ignorara el aviso. Pues, la gente suele acatar las órdenes, en ocasiones, cuando la situación está muy cerca. 

Se hizo famoso en los medios de comunicación, la construcción de un hospital en diez días en China, para atender a los posibles pacientes del coronavirus, que hoy se sabe que son millones y no miles como decían. Las medidas tardaron un poco en distintos países para efectuarse; la mayoría de los gobernantes colocó la salud por debajo de la propia economía y dijeron esperar a que se multiplica el virus. Se olvidó “que el dinero está al servicio del hombre, y no el hombre al servicio del dinero, que la mayor riqueza de la humanidad es el mismo ser humano. Pero sabemos que nuestro mundo está lleno de codicia. 

Cuando los casos del coronavirus se extendieron por Francia y España, entonces aparecieron las preocupaciones en este país. Ya había llegado el problema, teníamos que buscar soluciones, unir criterios humanos y religiosos, dejar a un lado la envidia y los rencores, ayudar a los más necesitados, porque era el tiempo de ser solidarios. Ya lo suele decir la gente, “Hoy por ti, mañana por mí”. Porque los que tienen pan, estarán cómodos en sus casas, pero aquellos que no tienen nada, necesitarán manos amigos para seguir viviendo y enfrentando la realidad que le viene encima. 

Como un signo de esperanza, Albert Einstein solía decir: “La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones”. Y esa es la actitud que vamos a necesitar, porque como dice la expresión popular, “Lo que no nos mata, nos hace más fuerte”. 


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