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Redacción

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La tanda extendida


  • 19.06.2020 - 12:00 am

Una de las banderas enarboladas por el gobierno del Presidente Medina ha sido la llamada “Revolución Educativa”, dentro de la cual se le asignó un rol destacado a la “Tanda Extendida”, con la cual se ampliaba el horario de clases, dándole cabida a otras asignaturas dentro de un currículo reformado, cuyo propósito ha sido elevar la formación integral del alumno, fundamentada en un contenido educativo basado en el fomento de capacidades, y así elevar la calidad de la educación dominicana.

De esa manera la tanda extendida creaba un espacio educativo más amplio y enriquecido, que permitiría una educación de mayor calidad, que es el gran déficit que tiene la educación dominicana, comprobado en las múltiples pruebas internacionales que evalúan la situación de la educación en las diversas naciones del mundo. La educación dominicana a nivel público, está evaluada y considerada como de las peores del mundo.

La “Revolución Educativa” que inició este Gobierno, se había propuesto modificar esa situación y para ello centró su objetivo en la “Tanda Extendida” como parte de esa transformación, apoyada por la Ley del 4% del PIB para la educación.

Por esa razón causa extrañeza el anuncio que ha hecho el Ministerio de Educación, dando a conocer la eliminación de la tanda extendida para el año escolar 20-21, que se iniciará en agosto próximo. La decisión se asumió justificada por los efectos negativos causados por la pandemia del coronavirus.

Sin embargo, llama la atención que aunque se elimina el horario extendido de clases, mañana y tarde, se mantiene una jornada matutina incluyendo merienda y almuerzo, y otra tanda vespertina, también incluyendo merienda y almuerzo. 

Esa modificación significa que se le ha dado más valor a los programas sociales dirigidos a combatir la pobreza de las familias de los alumnos, que a los contenidos educativos que recibirían los mismos alumnos en la jornada extendida, contenidos que son los que más se conectan con el propósito de mejorar la calidad de la educación dominicana.

De esa forma la “Revolución Educativa” se reduce a la política de construcción de aulas, labor de ingeniería y albañilería, complementada con la política social de suministrar alimentos a los alumnos y aliviarle esa carga a las familias de los mismos, al tiempo de estimular a los suplidores del Estado a través del MINERD.

Esas perspectivas, negativas para la educación dominicana, debe hacernos reflexionar en el sentido de que el país está posponiendo el objetivo de elevar la calidad de la educación recibida por los millones de estudiantes, con lo cual se amplía el rezago en la formación educacional del capital humano del país, para que éste sea un factor para el desarrollo dominicano.

Se entiende que la escuela, como otros renglones de los servicios y de la economía, debe adecuarse a los protocolos sanitarios que la situación de la pandemia aconseja. Pero esa adecuación no debe sacrificar el objetivo máximo de que la nación dominicana logre disponer de una educación de calidad. 

¡Qué se pondere mejor la “tanda extendida”! 


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