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Rafael Octavio Lantigua

Rafael Octavio Lantigua


La selva nos resulta INOCUA


  • 13.04.2021 - 12:00 am

Con la violenta insensibilidad humana  brutal que flagela nuestra sociedad, se percibe en el ambiente el elemento perturbador “de un siniestro espíritu de tensión”. Sin ser un escéptico, la “selva “nos está resultando inocua  pequeño, ante la verdades y truculencias que eructa el bombardeo pueril de los anti valores como secuela asqueante de la violencia cultural y la lucha  por supremacía y hegemonía y súper poderes ávidos de los recursos de nuestro planeta.

Se está agotando la capacidad de sentir, asombro y sorpresa, tras el ambiente descomunal del libertinaje delictivo que ensombrece nuestro panorama cotidiano traducido en terror pánico y suspicacia (todo el mundo se cualquierisa o hasta que suceda o se demuestra lo contrario).

El derecho a la vida y sano albedrio están yéndose a dormir al baúl de los recuerdos, y están siendo suplantado por la tribulación l miedo y el espanto delincuencial.Las desigualdades el crecimiento desmedido de crecimiento sin control demográfico y el auge sin frontera de la comercialización y consumo de ilícitos han despertado la avidez y codicia por bienes materiales  aniveles epidémicos. Con esta situación se pone en peligro la paz universal, la libertad la idoneidad y la concordia.

Hay en el mundo tanto hechos inaudibles que afectan nuestra capacidad emocional y deprimen el factor humano hasta llegar a lo monótono sin poderse asimilar y digerir. A veces pienso en las predicciones Nostradamus y las coincidencias bíblicas con el Armagedón.

El odio, el rechazo, la envidia y el mal, campean por sus fueros donde se imponen el látigo, el dolor y el sufrimiento fruto de las barbaridades y las injusticias. 

Los hechos execrables y a veces viciosos no nos pueden arrastrar a asimilar en la inseguridad un mundo de fisión y utopía que solamente conocíamos por el celuloide extemporáneo.

Con esta vorágine y trapisonda la sangre corre alegre y raudales, y se vierte como el agua. 

Se impone el peso de la justicia como el orden temerario de las consecuencias porque la Justicia debe cumplir su rol en la sociedad.


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