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Redacción

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La salvación está en la disciplina


  • 02.02.2021 - 12:00 am

Nuestro país no escapa a la realidad que muestra el recrudecimiento a ni­vel mundial de la pandemia del Covid-19. De esta manera vemos como en el mes de enero se elevan el contagio y los fallecidos por la enfermedad a niveles similares a los de julio y agosto del pasado año. Los esfuerzos de las autoridades parecen tan ineficaces, como ineficaces resultan los fármacos, lo que hace que las autoridades se refugien en la esperanza de que las vacunas, que llegarán también con mucho retraso, sean la luz al final del túnel.

El problema está en que la cura de la pandemia depende más que en los fármacos, en la obediencia de la población a los protocolos sanitarios y a las medidas restrictivas. En nuestro caso esa conducta de obediencia depende de la disciplina de la población para el cumplimiento de las normas y leyes. Esa es la situación que registran ciertos países que exhiben gran éxito en el combate de la pandemia, como son los asiáticos, Nueva Zelanda y Australia y algunos países nórdicos de Europa.

Pero ese no es el caso de países de las Américas y específicamente del nuestro, donde el individualismo y la autogestión se rebelan contra las leyes y las autoridades, por lo que la indisciplina impera. Y esa falta de disciplina colectiva es la gran limitación en la lucha contra la pandemia en nuestro país, cuya memoria “engramática” aprendió por décadas a ser obediente a las normas y a las autoridades mediante la sanción por represión a la conducta desviada.

Con la libertad los dominicanos aprendieron a rebelarse “legítimamente” contra la dictadura de la Ley y contra toda autoridad. La conducta liberada resultó desordenada y caótica, al tiempo de evadir todas las sanciones represivas. Los evasores sexuales y los de impuestos son expresiones de ese desorden y de ese caos conductual.

Por esas razones, tentativamente sociológicas, y ante la debilidad sanitaria por la falta de los fármacos validados como apropiados, el Estado está compelido a fijarse como objetivo de su accionar,  disciplinar a la población frente a los protocolos sanitarios y a las medidas            restrictivas.

Pero dado su negativa a la represión, se debe volver a que los engramas de la represión pasada se restauren en el marco institucional del estado de derecho y de los derechos humanos, aplicando la represión autorizada por la Ley, de modo que se restablezca la disciplina y la conducta ordenada, de forma que se hagan efectivas las reglas restrictivas y las normas prudenciales contenidas en los protocolos sanitarios.

El Gobierno no debe cejar en ese propósito de hacer respetar las normas restrictivas y los protocolos sanitarios, hasta volver a estabilizar, en un nivel acep­table, los índices de positividad y de letalidad del covid-19. El  dominicano responde a la sanción por represión física o económica y así lo demuestra su disciplina cuando está en “los países”.

Recojamos las lecciones de nuestra historia para un objetivo humano y de conservación de la vida aquí en nuestra patria. El dominicano lleva por dentro la represión como mecanismo  de control social.  

¡La disciplina por represión es la alternativa!


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