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Maricela Ortiz

Maricela Ortiz


La obra transformadora del Espíritu Santo


  • 04.02.2020 - 12:00 am

Dentro del propósito eterno, estaba el perfeccionar la casa de Dios para generar una transición del significado de “casa”, y de este modo pudiera establecerse lo nuevo, y en este orden dar paso al cumplimiento de una promesa de sostenibilidad del Nuevo Pacto, citada en Jeremías 31:33-34: “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.”

La condición de cómo se estaba gobernando la casa de Dios, fue denunciada por Jesús con ¡ayes! en Mateo 23:1-36; Él recriminó a los maestros de la Ley y a los falsos maestros por sus faltas, porque sus actitudes no eran las correctas, ya que eran ostentosos, legalistas; religiosos, ponían sus intereses y dogma por encima de la Palabra; malversaban las ofrendas; y la falta más grave, el rechazo al Mesías, ignorando al Cristo que habría de venir, y que caminaba en medio de ellos, y no lo reconocieron. Porque se supone que debían instruir al pueblo con las enseñanzas establecidas por Dios. Pero Dios en su Omnisciencia sabía que todo esto ocurriría, y que solo daba paso un tiempo kairótico que contemplaba el propósito eterno para establecer el Reino de Cristo y de reunir todas las cosas en Él.    

Los que gobernaban la “casa de Dios” solo tenían letras (conocimientos) e influencias religiosas y políticas. Pero al venir el Hijo de Dios, a establecer su Reino, es donde se establecen las bases para una Reforma, pero desde la perspectiva del Nuevo Pacto. Por tanto, estando Cristo presente, la “casa de Dios” venimos a ser nosotros como templo del Espíritu Santo, siendo esta casa (todos los santos) la que representa la ekklesia, es decir, la iglesia de Cristo. Es por esto que, en esta Reforma, Jesús constituye apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.  

Los que gobernaban la casa de Dios solo eran habilidosos en sus áreas. Por ejemplo, los escribas, maestros de la Ley, muchos de ellos no eran sacerdotes, y en los tiempos de Jesús, estos fueron instruido en la Ley, y hacían de este estudio su ocupación, y se les contaba como maestro de la Ley, pero formaban parte de un grupo independiente religioso como son los fariseos. Éstos reconocían las interpretaciones o tradiciones de los escribas. Se dice que algunos de ellos eran saduceos que solo creían en la Ley escrita, mientras que los escribas de los fariseos defendían con celo tanto la Ley como las tradiciones orales.  

“Los escribas no solo eran responsables como “rabíes” de las aplicaciones teóricas de la Ley y de la enseñanza de esta, sino que también poseían autoridad judicial para dictar sentencias en tribunales de justicia. Había escribas en el tribunal supremo judío, el Sanedrín (Mt 26:57; Mr 15:1)”

 Jesús Condenó a los escribas de los judíos y a los fariseos porque habían hecho añadiduras a la Ley y habían ideado subterfugios para burlarla, de modo que les dijo: “Han invalidado la palabra de Dios a causa de su tradición”. Tanto los escribas como los fariseos habían convertido la Ley en una carga al saturarla de sus añadiduras. Todo lo que se oponga al propósito eterno de Dios, siempre requerirá una reforma. 

Los fariseos, representaban al movimiento político y religioso de mayor influencia del judaísmo, y aunque se regían estrictamente por la ley del Antiguo Pacto, eran de falsa moral, lo que significa que no conocieron a Dios en Su esencia, no vieron a Cristo en las Escrituras. En el Nuevo Pacto el Hijos representa al Padre en el reino, y es en Cristo que somos vivificados por medio del Espíritu Santo, es en Él que tenemos vida. En este nuevo pacto Dios nos hizo ministros competentes, donde las competencias vienen de Él, ya que es por Su gracia, y no de sabiduría humana.

Los religiosos legalistas y falsos maestros siempre arremetían en contra del Evangelio de Cristo, motivado por su ignorancia, y la negación rotunda de Cristo. Los falsos maestros atacaron la competencia de Pablo como ministro del evangelio, razón por la que Pablo en este capítulo de 2 Corintios 3 sale en su defensa, pero lo hace de manera cuestionable en lugar de hacer afirmaciones directas. Leamos con detenimiento y reflexionemos, por favor, porque necesitamos ser iluminados en esta verdad presente:

“¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros? Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. 

Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación.” 2 Corintios 3:1-9

La ley representa “la letra” y ésta no es más que una conformidad extrema a la ley, porque la Ley no redime ni manifiesta el amor del Padre, más bien, trae condenación, ya que mata la esperanza, la paz y el gozo, además, no hay salvación en guardarla, porque humanamente es imposible cumplirla. Sin embargo, el ministerio del Espíritu Santo, el ministerio de justicia, es mucho más glorioso y superior. En 2 Corintios 3: 7-18 podemos ver en estos versículos la gloria del Nuevo Pacto de este ministerio; por lo que, nos invita como ministros verdaderos de Dios a predicar sobre el mismo.    


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