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Samuel Reyes

Samuel Reyes


La mayoría debe gobernar


  • 30.11.2019 - 12:00 am

Los cristianos católicos y evangélicos son mayoría a lo largo y ancho de Latinoamérica y generalmente han sido indiferentes ante gobernantes no muy afines a sus creencias pero que hasta ahora no les eran hostiles. 

Por eso han puesto sus barbas en remojo, al sentir de cerca ráfagas de persecución, incluso en los países donde son mayoría y en donde por la neutralidad política de la iglesia hasta a los ateos ha permitido que ocupen las más altas posiciones del Estado.

En Estados Unidos, Donald Trump que no es cristiano ni dirigente de carrera del Partido Republicano, fue apoyado por el voto mayoritario de las iglesias. Los demás candidatos republicanos no avistaron el giro del voto electoral y de la mayoría de la población, el de la fe. Esta se hizo sentir también como mayoría de votantes prefiriendo la persona de quien sin ser creyente levantó firme su bandera en contra del paganismo demócrata.  

Gobiernos de izquierda como el de Evo Morales en Bolivia, de Chávez y Maduro en Venezuela y hasta el de Danilo Medina en nuestro país han mostrado cierto antagonismo hacia los seguidores de Cristo. La posición ideológica del gobierno dominicano es difícil de definir, pero definitivamente no es cristiana. Lo cierto es que, en el juego democrático dominicano todo presidente ha podido gobernar en paz y hasta ha recibido las simpatías de los feligreses más devotos. 

Cierto es que los izquierdistas tienen algunos logros, pero se han querido endiosar y no han apreciado la buena convivencia ideológica que disfrutan.  No valoran las libertades, la tolerancia y la inclusión que se les prodiga. Se olvidan de que son minoría y que no pueden recurrir a la persecución, hostigamiento, prohibiciones, al hedonismo juvenil o abrazar causas de la ideología de género sin reacciones adversas. Y su principal debilidad es que gestan gobiernos mucho más corruptos que los de la derecha.  

En nuestro país los partidos políticos mayoritarios tienen sus esquemas de poder muy bien armados. Reciben asignaciones estatales de cientos de millones, gozan de representación bicameral con privilegios como el barrilito, el cofrecito y fundaciones financiadas con el presupuesto nacional. Sus líderes se enriquecen en el poder y en la oposición y tienen locales en toda la geografía nacional. Además el partido oficial de turno, reparte bonos asistencialistas a millones de pobres y dilapida en propaganda y promoción de sus logros.   

Pero las iglesias tienen presencia en cada sector del país. Sus líderes tienen carisma espiritual y no necesitan el clientelismo para convencer la conciencia, ni decir que se vote por ningún candidato. Solo deben decir con la verdad de su lado quien comulga con los demonios o se opone a Dios. Simplemente son más del 76% de la población. 

Solo hay que inclinar la balanza electoral hacia el lado de la fe. Gane quien gane en las elecciones, los cristianos son la mayoría y eso ningún presidente ni político en Latinoamérica ni siquiera en Estados Unidos puede olvidarlo. No es golpe de Estado, es simplemente privilegio de la mayoría. 


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