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Felipe de Js. Colón

Felipe de Js. Colón


La lujuria, afecta el don de la fidelidad


  • 14.02.2020 - 12:00 am

La lujuria (luxuria), es el apetito desordenado e ilimitado de los placeres carnales. El término suele estar asociado al deseo sexual incontrolable, aunque, en realidad, también permite referirse al exceso o demasía de otro tipo de cosas. La lujuria se vincula con la lascivia, que es la imposibilidad de controlar la libido.

El Catecismo de la Iglesia católica en el número 2351, nos dice: “la lujuria es un deseo o goce desordenado del placer venéreo. El placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y de unión. 

La fidelidad conyugal consiste en respeto a la pareja, o sea, el cuerpo solo se debe a la pareja legítima. En el sacerdocio sería, la abstención de cualquier acto sexual por el Reino de los cielos. Los sacerdotes el día de la ordenación sacerdotal delante del obispo y el pueblo de Dios congregado, hacemos la promesa del celibato, o sea, comportarse y vivir como un hombre no casado. Para lograr ser fiel a esa promesa solemne, es necesario cultivar la castidad, La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual (CEC 2337). Esta integridad asegura la unidad de la persona (CEC 2238) se opone a todo comportamiento que la pueda lesionar. No tolera ni la doble vida ni el doble lenguaje (cf. Mt 5, 37). La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. (CEC 2339). La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado (cf. Si 1, 22).

hay varios factores que pueden provocar el fracaso de un matrimonio, como la poca motivación del hombre a la productividad que genera bienestar, las frecuentes peleas por celos, a veces innecesarios, cuando uno de los dos es dado a las fiestas, a las bebidas alcohólicas, al consume de drogas, o a la adición a los juegos de azar, y sobre todo cuando uno de los dos ha decidido ser concubino (a), esta infidelidad, genera desconfianza, acarrea gastos económicos importantes, y disminuye de manera significativa la calidad de tiempo que ambos deben darse, si quieren crecer en su matrimonio. La lujuria, procedente del placer que proporciona, debilita la voluntad de la persona, desencadena poco deseo de buscar de Dios.

¿Cuándo inicia el pecado de lujuria? inicia cuando con la curiosidad de la mirada, los teólogos llaman lujuria no consumada. El hombre casado, mira donde no tiene que ver, oye lo que no tiene que oír.  El descuido en el cultivo de una relación exitosa, puede degenerar en desánimo, y el afectado puede pensar que su pareja perdió el interés. Para evitar la infidelidad tratemos de mantener una relación sana con todos a aquellos que nos rodean. El saludo, el abrazo, el baile, las miradas, etc., al prodigarse, debe ser sanamente. Los muy “sabrosos y las confianzudas”, han visto peligrar y  naufragar su matrimonio.

San Isidro de Sevilla, llegó a expresar: “por ningún pecado se hacen los hombres tan esclavos del dominio como por la lujuria”. El acto sexual, siempre tiene que ser un acto legítimo, responsable y honesto. La vida humana es fruto del amor de un hombre y una mujer, que al juntar sus cuerpos, se engendra una nueva vida.  La lujuria ha llevado a muchos hombres a tener que asumir una paternidad obligatoria, forzada por las circunstancias, el disgusto de la esposa es espantoso. Los niños tienen derecho a nacer, pues la vida es un don inviolable de Dios.

San Gregorio magno dice que la lujuria origina “la ceguera del espíritu”, la inconsideración, la precipitación, la inconstancia, el egoísmo, el odio a Dios, el apego a este mundo, el disgusto hacia el mundo futuro”. (Moralia 31,45).  Conserva tu matrimonio, si tu vida conyugal anda bien, todo lo demás se facilita, como la felicidad, la estabilidad, la paz y la alegría.


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