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Ramón Cáceres Almonte

Ramón Cáceres Almonte


La Longitud


  • 27.11.2019 - 12:00 am

Esto de longitud y Latitud no es más que un sistema de coordenadas terrestres consiste  en dos valores llamados así, con los cuales se ubican los lugares en el planeta. Por ejemplo, Cristóbal Colón llego a estos predios en 1492 navegando con ayuda de la Brújula y la posición de la  Estrella Polar, básicamente, lo cual le permitió navegar en línea recta pero con un estimado muy impreciso de la longitud, es decir de la distancia recorrida. Saber la longitud de una embarcación fue un largo proceso y toda una historia de desastres y errores de varios siglos. 

El estudio de estos asuntos se  inicia mucho antes de Cristo en el mismo lugar en donde nació la ciencia: en Grecia. Eratóstenes en el siglo III aC propuso por primera vez un sistema con latitudes y longitudes para mostrar un mapa del mundo. En el siglo segundo antes de Cristo también, Hiparco de Nicea propuso utilizar este sistema para especificar lugares de la Tierra. También propuso un sistema para determinar la longitud mediante la comparación de la hora local de un lugar con un tiempo absoluto….que de por si era la clave, pero pasarían muchos siglos para lograr eso ultimo.

Determinar la longitud en tierra era relativamente fácil en comparación con la tarea que había que hacer en el mar. La tierra en realidad es una superficie estable para trabajar, un lugar cómodo para vivir mientras se lleva a cabo la tarea y la capacidad de repetir las medidas a lo largo del periodo de tiempo que se necesita, permiten una gran precisión. No pasa lo mismo en el mar.

La determinación de la latitud, tanto en tierra como en el agua era relativamente fácil, ya que se podía deducir a partir de la altura del sol sobre el horizonte al mediodía con la ayuda de una tabla, indicando la declinación del Sol para ese día, o por la posición de la polar en la noche. Para intentar conocer la longitud, los primeros navegantes tenían que basarse en la navegación por estima, un sistema muy poco preciso en viajes largos y sin tierra a la vista, lo cual era bastante peligroso.

Para evitar problemas por no saber con exactitud la posición, los navegantes se basaron, siempre que era posible, en el aprovechamiento del conocimiento de la latitud. Navegaban hacia la latitud de su destino, y una vez alcanzada, viraban hacia su destino y seguían una línea de latitud constante. Este procedimiento se conocía como navegación a rumbo occidental (hacia el oeste) o a rumbo oriental (hacia el este). Esto impedía que un barco siguiera la ruta más directa (un círculo máximo) o una ruta con los vientos y las corrientes más favorables, alargando el viaje días o incluso semanas, y aumentando la probabilidad de que las raciones se acabaran, lo que podría llevar a la mala salud o incluso la muerte para los miembros de la tripulación debido al escorbuto o el hambre, con el riesgo resultante para la nave…recordemos que en tres siglos de navegación murieron millones de marineros victimas del escorbuto.

Los errores en la navegación en numerosas ocasiones se traducían en naufragios. Motivados por una serie de catástrofes marítimas atribuibles a errores graves en el cálculo de la posición en el mar como sucedió en 1714 cuando 4 navíos ingleses se hundieron al chocar con escollos en alta mar por un mal cálculo de longitud….marinero que regresaban triunfantes de una peligrosa batalla hallaron la muerte llegando a su patria.

Desde 1715, se ofrecieron premios a las personas que lograran resolver el problema de navegación, para Inglaterra….en estos concursos participaron todos los hombres de ciencia. Miren cuál es el problema:

Dado que la Tierra gira a una velocidad constante de 360° por día, o 15° por hora, en el tiempo sidéreo –de las estrellas-existe una relación directa entre el tiempo y la longitud. Si el navegante puede conocer con antelación la hora en el puerto de salida de algún acontecimiento que él mismo también pueda observar unos días después (por ejemplo, un determinado suceso astronómico) y también sabe la hora a la que en su barco se observa dicho acontecimiento, la diferencia entre la hora en tierra y la hora en la nave le dará la posición relativa de la nave con respecto a tierra. Conocer el tiempo local aparente es relativamente fácil. El problema, en última instancia, fue la forma de conocer a gran distancia la hora exacta del puerto de partida. En 1514 se hizo un primer intento en este sentido con la publicación en de un libro sobre la posición de la Luna en sus respectivas altitudes y horario…el famoso almanaque náutico.

Se recuerda que, en 1612, después de haber determinado los períodos orbitales de las cuatro lunas más brillantes de los satélites (Io, Europa, Ganimedes y Calisto), Galileo propuso que con un conocimiento suficientemente preciso de sus órbitas, se podría utilizar su posición como un reloj universal, que haría posible la determinación de la longitud, y trabajó ocasionalmente en este problema durante el resto de su vida.

Alrededor de 1683, Edmundo Halley propuso utilizar un telescopio para observar el momento de la ocultación o acercamiento de una estrella por la luna como un medio para determinar el tiempo en el mar. 

Muchos astrónomos y científicos trabajaron en este sentido sin éxito alguno, incluyendo a Newton. La solución estaba realmente en fabricar un reloj de precisión.

En particular, Christian Huygens mediado 1600, había desarrollado relojes de péndulo que permitían determinar con precisión la longitud en tierra. En aquella época no había relojes capaces de mantener la hora exacta mientras eran sometidos a las condiciones de un barco en movimiento. 

Este considerable problema tecnológico fue resuelto en 1760 por John Harrison (en sus orígenes, un carpintero de Yorkshire, que a base de tesón acabó convirtiéndose en un especializado en el diseño y construcción de relojes de precisión) con su cronómetro marino; reloj que más tarde fue conocido como H-4.

El  Parlamento Británico finalmente le recompensó por su cronómetro marino en 1773, el uso de sus cronómetros tardó mucho en generalizarse. 

La publicación del Almanaque Náutico a comienzos de 1767, proporcionó tablas pre calculadas de distancias de la Luna a diversos objetos celestes en intervalos de tres horas para cada día del año. Esto hizo que el proceso fuese mucho más práctico, reduciendo el tiempo de los cálculos a menos de 30 minutos e incluso a sólo diez minutos con algunos métodos de tablas más eficientes. Las distancias lunares se utilizaron ampliamente en el mar desde 1767 hasta 1850.

Entre 1800 y 1850 (primero los navegantes británicos y franceses, más tarde en Estados Unidos, Rusia y otros países), usaron los cronómetros marinos, reemplazando el método lunar. Era posible comprar dos o más cronómetros relativamente baratos, pudiendo servir como control el uno del otro, en lugar de adquirir un simple y caro sextante de calidad suficiente para la navegación por el método lunar.  El Almanaque Náutico Británico publicó tablas de distancias lunares hasta 1906 y las instrucciones hasta 1924. La señal horaria se emitió por primera vez por telegrafía en 1904, siendo la Marina de los EEUU quien inició este sistema desde la Navy Yard en Boston. Otra emisión regular comenzó en Halifax, Nueva Escocia en 1907, y las señales horarias que llegaron a ser más utilizadas fueron las difundidas desde la Torre Eiffel a partir de 1910. A medida que los barcos adoptaron el telégrafo para las comunicaciones, comenzaron a recibir señales horarias a bordo para ajustar sus cronómetros. Este método redujo drásticamente la importancia de las distancias lunares como medio de verificación de los cronómetros.

Los marinos modernos tienen una serie de opciones para determinar la información exacta de su posición, incluyendo el radar y el Sistema de Posicionamiento Global, conocido comúnmente como GPS, un sistema de navegación por satélite. Como se ve, la ciencia termina triunfando tarde o temprano frente a los problemas o escollos que se presentan en el camino.


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