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Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


La familia del siglo 21 no es igual a la del siglo 19


  • 30.11.2020 - 12:00 am

En el 1971, durante el llamado Gobierno de los doce años de Joaquín Balaguer, este emitió el Decreto 1656 para designar el noviembre de cada año como el Mes de la Familia. La intención fue que la población  dedicara ese mes a la reflexión sobre sus responsabilidades y la apropiada visión que debía asumir en la evolución  y  cambios de la familia, puesto que  si una familia es un sistema vivo, una estructura que tiene sus propias formas de funcionar en cada cultura, pues hay que entender que preservar el sistema familiar es una enorme tarea dada su complejidad ya que conlleva la aceptación de que el sistema no es estático por lo que se espera que avance hacia nuevas formas, hacia nuevos equilibrios y que sufra periódicamente reajustes y readaptaciones. 

Dado que todo organismo vivo sufre cambios de todas las magnitudes y direcciones, la gente debe tener en mente que el tipo de familia que tuvo la RD para los días de su independencia ya no es posible conservarlo hoy con características semejantes a las de aquellos años. Por eso, pensar que en el 2020 los hijos podrían tener el mismo comportamiento  de los jóvenes que integraron la Trinitaria del 1838, pues sería como pensar que un huevo huero “se empolla”. 

¿Cómo podría una esposa, en el 1895, oponerse a que su marido tuviera dos mujeres más en su mismo vecindario cuyos hijos crecían junto a los suyos, si un principio del patriarcado es que la mujer queda limitada a parir y criar los hijos, ordeñar vacas, recoger vívires en el conuco, oficios de la casa y estar disponible para el sexo sin preguntas ni deseos libidinales? Ah, ¿que ella está recién parida y durante un mes no puede cumplir con las necesidades sexuales del marido?, pues no hay problemas, esas necesidades las puede suplir la hermana o la sobrina de la recién parida que la fue cuidar. Así, se daban los casos  bastante comunes,  en que dos y hasta tres hermanas eran embarazadas por la misma bragueta, que a menudo se volvía tan “desinquieta”, que con frecuencia el patriarca también embarazaba sobrinas, hijas de crianza, nietas, sus hijas de engendro y no pocas veces la mujer de un hijo y alguna que otra comadre porque, tal como se decía aún en 1930, “no hay cosa más temible que una bragueta revoltiá”.

Hoy  ningún hombre puede pretender hacerse el loco y creer que la familia sigue siendo de tipo patriarcal. Incluso, la misma sociedad dominicana de hoy no puede suponer que las creencias y actitudes de la familia del siglo 19 y del siglo 20 hasta los años 70, deben ser las predominantes ahora en pleno siglo 21. La familia tiene que ir haciendo adaptaciones y modificando creencias y actitudes acorde con los tiempos. Por eso, nadie debe alarmarse ni reprochar a una  familia que acoge al hijo homosexual o a la hija lesbiana; como tampoco nadie debe oponerse a que un homosexual o lesbiana trabaje en cualquier clase de actipvidad para la que esté entrenado. Hay que recordar que lo que debemos condenar es la conducta inapropiada o criminal de un individuo, no al individuo en sí. El heterosexual delincuente y criminal es tan rechazable y condenable como el gay criminal o pedófilo. 

Aquí todavía hay mucha gente que cree que en la RD debe repetirse el procedimiento vergonzoso e inhumano que una vez exhibió el gobierno de Inglaterra frente al gran matemático Alan Turing, el diseñador de la primera máquina analítica que permitió descifrar los mensajes en clave que el alto mando militar nazi enviaba a sus soldados lo que hizo posible que Inglaterra y los aliados  ganaran la Segunda Guerra Mundial. Alan Turing fue llevado a prisión por ser homosexual y tras cumplir la condena fue castrado de la misma manera que hoy “capamos” a los puercos en la República Dominicana. Señores, ya esos tiempos fueron superados y queramos o no la familia del siglo 21 jamás podría ser como la del siglo 19 ni tener las mismas creencias que tuvo la familia dominicana hasta el 1950. 

¿Que debemos conservar determinados valores familiares de los que hicieron gala nuestros antepasados?   Pues claro.  Valores como la probidad, el cumplimiento de compromisos, la dedicación al trabajo honrado, la solidaridad, la autoconfianza, el ahorro y la generosidad y veracidad, la familia de hoy no solo debe conservarlos sino que también debe ampliarlos y fortalecerlos.   

El autor es Terapeuta familiar

Centro Médico Cibao-Utesa 


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