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Rafael A. Escotto

Rafael A. Escotto


La cultura no tiene dueño, es universal


  • 04.08.2019 - 04:04 pm

“Cultura es conocimiento transmitido por vía no genética.» (Jorge Wagensberg)Después de enterarme sobre el debate pueblerino a que un reducido segmento de individuos pertenecientes a una civilización que en vez de hablar con la voz lo hacen con el vientre imitando sonidos como si todos estuviesen preparándose para un espectáculo de ventriloquia, en una sociedad que olvidó cual fue el ultimo ventrílocuo que vio en una función en Santiago de los Caballeros, decidí leer una obra interesantísima titulada El mito de la cultura: ensayo de una teoría materialista de la cultura, escrita por el filósofo español Gustavo Bueno Martínez.
    
Dice el también autor de «El papel de la filosofía en el conjunto del saber» (1970), que « El mundo de la cultura compleja viene a significar, para las nuevas generaciones que han de incorporarse a ella, lo que el mundo material salvaje representaba para el primitivo: un mundo cuyas variables prácticas sólo podían ser “controladas” de algún modo sumergiéndose en ellas, invirtiendo en ellas todo el tiempo disponible».
  
Algunos personajes que viven y se desarrollan en los litorales de una insularidad cultural que invita a la holgazanería se mantienen navegando en la superficie de las luces negándose, como advierte Bueno Martínez en el análisis anterior, a sumergirse en el mundo de la ilustracion por el sistema de símbolos tan complejos que configuran la cultura.
   
Es posible que en una insularidad restringida, como la dominicana, por los límites precisos que corresponden a una población que se engendra en el interior de una geogonía cultural que si bien medio-evoluciona, no evoluciona realmente.
   
El conflicto que genera la cultura en este momento en la sociedad dominicana es tan acentuado, más notorio y censurable en Santiago de los Caballeros, llega al extremo a que algunos de los llamados «gestores culturales» celebraron una misa  por la muerte  de la cultura, lo que crea una  ilógica desconectividad que hace deslucir una posible instrumentalidad de una cultura interconectada a nivel universal.
   
Cuando oímos sobre esta eucaristía en la iglesia San José de la Montaña inmediatamente hicimos una rápida inflexión para reflexionar inversamente sobre la intención de aquella misa de cuerpo presente en la que algunos vieron, en su ofuscación o desquiciamiento, después de ingerir infusión de hojas de laurel, a la cultura de Santiago metida en un féretro y a otros tipos encapuchados esperando fuera del templo pretendiendo robarse el «muerto» para luego trasladar el cadáver al Centro de la Cultura para resucitarlo colocándole  una enema de humo de tabaco por el recto, como hacían los tainos.
   
Lo que parece estar sucediendo en la familia de la cultura en Santiago es una especie de enajenación por el empleo, que llega al exceso de querer arruinar por abuso la fuente de nutrición cultural que es el Centro de la Cultura.
   
Ese desencajamiento mental conduce a algunos gestores culturales a un laberinto o maraña similar al misterio que envuelve la catedral gótica de Chartres en Francia. Su confusión es tan descomunal que los hace ver la cultura como si fuese una criatura que para ellos ha muerto.
   
¿Por qué se da esa falsa representación en personas que se dicen cultas y que viven de la cultura de una manera u otra? Por lo mismo que algunos creen en el mito que el ciberespacio de las computadores crece por dentro. Así no es el universo de la cultura, así es el pensamiento que lo piensa.
   
Me atrevo a decir que la cultura en Santiago no morirá de mala muerte, como expresara San Agustín. Dice el profesor e investigador  de la Universidad de Guadalajara José Guadalupe Vargas Hernández en su tesis «La culturocracia organizacional en México», que la cultura se refiere a los «entendimientos compartidos por los miembros de una sociedad y que permiten adecuadamente predecir y coordinar la actividad social»
   
Las instituciones culturales en Santiago y muchas en otras partes del país, están bajo la influencia del egoísmo destructivo, como dijera Martin Luther King: «Todo hombre debe decidir si va a caminar en la luz del altruismo creativo o en la oscuridad del egoísmo destructivo»
   
Los lobos andan ladrándole encolerizados a un a ataúd vacio donde la cultura jamás ha estado; tampoco hubo responsorio en iglesias de fieles sacrílegos; solo estuvo oculta por la indiferencia; en Santiago no morirá la cultura, se reencarna bajo la luz universal de filosofías bien desarrolladas, conscientes de lo muy alto que se ha elevado el pensamiento del hombre. La cultura no tiene dueño, es universal.
 
 

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