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Josefina Almánzar

Josefina Almánzar


La Constitución Dominicana a 175 años de su nacimiento


  • 07.11.2019 - 06:20 pm

La Constitución dominicana desde su nacimiento, el 6 de noviembre de 1844 ha sido vilmente desacreditada por los gobiernos de turnos de la República Dominicana. Su irrespeto comenzó desde la convocatoria a la Asamblea Constituyente en 1844 y en la implementación del artículo 210 que perpetuo al nefasto Pedro Santana en el poder y con ese artículo se instaló la corrupción y la impunidad que por siglos han estado reinando en la República Dominicana.
   

 

El devenir histórico de esa Constitución de 1844 nos trajo un vaivén de reformas constitucionales cuyo principal objetivo ha sido la continuidad y permanencia de los gobiernos con tendencias autoritarias y dictatoriales en los poderes públicos.
   

 

El descredito que esto ha producido a la Constitución ha hecho que la misma no le aporte confianza a la conciencia colectiva de la ciudadanía, creando un divorcio entre el pueblo dominicano y su Constitución, pues 39 modificaciones desde aquel 6 de noviembre del 1844, realizadas entre liberales y conservadores, Bolos y Rabuses, Azules y Rojos, más todo el que se le ha ocurrido ver en la Constitución como la culpable de todos los males de la cotidianidad dominicana, han producido ese trato de cenicienta a la nuestra carta magna.
   

 

La misma ha sido mancillada sin ningún pudor, robándole el reposo, el descanso que debe tener una Constitución que se respete para que pueda cumplir con su principio de efectividad y su aspiración de ser una Constitución democrática basada en sus pilares de igualdad y libertad.
    

 

A 175 años de su nacimiento, el pasado miércoles 6 de noviembre, nos encontramos con una Constitución que podemos calificarla como una asignatura pendiente en la democracia dominicana. La ciudadanía en su gran mayoría la desconoce, no la valora y lo peor no cree en ella. Como docente de Derecho Constitucional desde hace catorce años me encuentro con una población estudiantil universitaria que llega al aula, después de haber pasado casi la mitad de su vida en colegios y escuelas sin ningún tipo de conocimiento ni valorización de nuestra Ley Suprema.
   

 

Muchas metodologías y como le digo en las clases mucho romance y piropos en ese gran océano que es el derecho constitucional tengo que hacer para lograr que esa población se enamore del texto constitucional, lo entienda, lo aprecie y valore.
    

 

Cada dos años asistimos al Congreso Internacional sobre Derecho Constitucional, realizado en la ciudad de Santo Domingo. En dichos Congresos se destaca siempre la importancia que tiene la Constitución en los pueblos y sobre todo en los Estados cuyo texto constitucional consagra al Estado como un Estado Social y Democrático de Derechos, según lo establecido en el artículo 7 de nuestra Carta Magna. Recuerdo que asistimos al III Congreso Internacional sobre Derecho Constitucional, celebrado también en la ciudad de Santo Domingo en el mes de octubre del 2016, en las palabras de bienvenida, de ese Congreso, el presidente del Tribunal Constitucional, el magistrado Milton Ray Guevara, hizo alusión a una conversación que sostuvo con el Presidente Danilo Medina, el cual estaba también presente en dicho acto, sobre la introducción del estudio de la Constitución en el programa escolar.
De llevarse esto a cabo la ciudadanía dominicana crecería inmensamente en cuanto a reconocer cuáles son sus derechos y deberes fundamentales.  Igualmente, cuáles son sus garantías constitucionales.
   

 

Si eso ocurriese estaríamos hablando de ciudadanos y de ciudadanas empoderadas.  Sujetos de derechos activos a nivel de conocimiento y de hechos.
   

 

Si la Constitución fuese una asignatura desde el preescolar la ciudadanía tendría un arma poderosa que le ayudaría a combatir la arbitrariedad del poder, el abuso del poder y la impunidad de esos abusos  a que ha sido sometida por siglos.
   

 

La administración pública en sentido general tendría guerreros y guerreras combatientes de la corrupción administrativa, con conocimiento de causa y sin tener que rendirse ante el clientelismo que genera dicha corrupción.
    

 

Los años han pasado y como dice la canción aquella de Raphael, todo se ha quedado en “promesas nada más, promesas que se olvidan, palabras que se lleva el mar y el viento por la vida…” El pueblo dominicano 175 años después sigue divorciado, alejado de su Constitución, y los gobiernos con tendencias autoritarias y totalitarias, de clases conservadoras continúan desacreditándola, cambiándola a su antojo para sus beneficios e intereses propios o denigrándola, como un simple pedazo de papel.
   

 

Han irrespetado el texto que en otros sistemas jurídicos ha sido y es considerado como un texto sagrado, viviente.  Un texto que acompaña a sus ciudadanos y ciudadanas porque consagra sus derechos fundamentales y porque los garantiza y protege.
   

 

Creo que la Constitución dominicana debe ser indemnizada históricamente. Esa promesa del 2016 debe exigírsele a este gobierno para que la cumpla y que de una vez y por todas se establezca en el currículo educativo la Constitución como una asignatura.  Sería como devolverle la dignidad al propio texto constitucional, entre otras cosas.

 


Desde nuestros diferentes espacios seguimos y seguiremos abogando porque nuestra Constitución sea respetada y valorada. Que se convierta en ese libro sagrado que debe gobernar a todos los pueblos y Estados que tengan como norte hacer funcionar lo que ya tenemos establecido en la misma:  Un Estado Social y Democrático de Derechos.
   

 

175 años después de su nacimiento necesitamos, queremos y merecemos que sea una realidad el establecimiento de la Constitución Dominicana como una asignatura desde el preescolar, así tendríamos ciudadanas y ciudadanos empoderados, enamorados de su Constitución y sobre todo ciudadanos y ciudadanas que a través de su valorización aprenderían a respetarla, amarla y a defenderla.
 

 

La autora es Abogada y Docente universitaria.


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