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Luis García Dubus

Luis García Dubus


La clave: sencillez


  • 03.07.2020 - 08:07 pm

Sobre el evangelio de San MATEO 11, 25 - 30        

Dos cuerpos flotaban inconscientes, mientras eran llevados río abajo por la corriente. Pasaba por allí, en compañía de su madre, un joven millonario.

El joven los ve, sin dudarlo, se lanza al río y los rescata. Con ayuda de su madre los sube al bote. Les aplica respiración artificial y los revive.

Les da ropa para cambiarse, la madre les prepara café caliente y les ofrece de comer.

El joven del bote los lleva a su casa, les regala la ropa, les da algo de dinero y al darles su dirección les dice:

-        “Cuenten conmigo ya somos amigos. Si en cualquier momento están necesitados no duden en acudir a mí, que con mucho gusto les ayudaré. Soy su amigo”.

Pasado un año, hay uno de los hermanos ha mantenido su amistad con el joven del bote. Con sencillez, acude a él con frecuencia en busca de ayuda, y ha recibido mucha. No sólo monetaria, sino también en forma de orientación, consejo, ánimo y motivación.

La amistad con aquel joven ha cambiado su vida. Nunca ha acudido a él sin encontrar el apoyo prometido.

El otro hermano, en cambio, no ha ido nunca a buscar ningún tipo de ayuda.

¿Ha reconocido usted los personajes de esta historia?

Los hermanos que se ahogaban somos usted y yo. El joven del bote es el Señor. El bote es la iglesia. La madre, María.

Todo el que alguna vez se ha alejado de Dios conoce este proceso.

Mientras estamos atrapados por algún error cometido, Dios se nos acerca amorosamente y nos salva, nos rescata. “Los amaré sin que tengan que hacer nada, para merecerlo” dice Dios en el A.T. nos ofrece su ayuda permanente, el Señor nos llama amigos, y. está en el evangelio de hoy:

“Vengan a mí los que se sienten rendidos

y agobiados, que yo los aliviaré.

Carguen con mi yugo y aprendan de mí,

que soy sencillo y humilde, y encontrarán alivio,

porque mi yugo es llevadero, y mi carga liviana”.                 

(Mateo 11,28-30)

El Señor nos invita esta semana a crecer en sencillez para poder aceptar su oferta de amistad.

LA PREGUNTA DE HOY

¿Acaso sólo los rendidos y los agobiados están llamados a acercarse al SEÑOR?

Tengo un “médico-amigo”, al “médico” acudo cada vez que siento algún malestar, al “amigo” lo visito, aunque me sienta perfectamente bien.

Los que sienten necesidad de Dios se acercan a Él como “médico”. Los que lo aman, lo visitan también como amigo.

De una u otra forma nuestra vida no tendría sentido sin esta íntima relación de amistad con el Señor.

La clave no son nuestros méritos, es la sencillez de saber que somos amados sin que hagamos nada para merecerlo.

              


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