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Hna. Verónica De Sousa

Hna. Verónica De Sousa


La Biblia, ¿no es la misma?


  • 23.09.2019 - 07:31 pm

Antes de continuar con el tema de la semana anterior, festejo a los que llevan el nombre “Mercedes”, en honor a nuestra Madre celestial. No es un nombre cualquiera: está unido a la sed de libertad profunda del ser humano. Esa libertad que le otorga una dignidad más allá de toda cadena exterior. “Cristo nos liberó para ser libres”, afirma san Pablo (Ga 5,1ss).
   
Ahora sí: sigamos… La Biblia hebraica traducida al griego por los famosos setenta sabios, llamada “Biblia de los Setenta”, era de uso común en las primeras comunidades cristianas. Y mientras se incorporaban nuevos territorios al Evangelio, los cristianos la llevaban consigo. Luego vino la gran revuelta judía o primera guerra judeo-romana, entre los años 66-73 dC. Los judíos llevaron la peor parte, con creces: asedios y destrucción de ciudades (el más famoso fue el de Jerusalén), saqueo y quema del Templo, supresión de la institución sacerdotal, deportaciones masivas, esclavitud… En esos duros años, los rabinos de mayor autoridad se reunieron y fijaron la lista de los libros sagrados y su orden. Esta es la que se conserva hasta hoy. Para la comunidad judía, era importante dar este paso, y así tomar distancia de los cristianos, considerados secta.

Posteriormente, en la comunidad cristiana hubo nuevas controversias sobre los libros del Antiguo                        

Testamento, que se resolvieron en el concilio de Trento, confirmando como inspirados por Dios los de la “Biblia de los Setenta”, en 1546.

Cuando Lutero tradujo la Biblia al alemán optó por excluir los siete libros, si bien reconocía que su lectura era útil. Poco a poco las iglesias protestantes siguieron el mismo camino. Sin darse cuenta, optaron por distanciarse de la praxis de las primeras comunidades, si bien reivindicaban ser sus legítimas herederas.
   
Entre católicos y ortodoxos nunca hubo desavenencias al respecto, sin embargo, la influencia protestante llegó a los ortodoxos. Por eso, algunas Biblias ortodoxas excluyen los siete libros que distinguen la traducción “De los Setenta”.

La organización de los libros sagrados, es conocida como “Canon”. La palabra viene del griego y significa “vara” o “caña” con la que se tomaban medidas de forma estándar. En hebreo, se dice “kaneh”, y refiere a los estándares de medición, a las medidas correctas. Así que hemos hablado del “canon” de la Biblia judía, católica, protestante y ortodoxa.

Los estudiosos católicos llaman “protocanónicos” a los libros contenidos por la Biblia judía. Estos son los reconocidos como sagrados desde el inicio. Los libros pertenecientes a la versión “De los Setenta” se llaman “deuterocanónicos”, puesto que se reconocieron después.

Así que cuando usted tenga dudas acerca de si su Biblia es católica o protestante, recuerde ese nombre: “deuterocanónicos”. Ya sabe usted que se trata de la versión “De los Setenta”. Eso le dará una pista.
   
­Último detalle: este sábado es la Marcha de la Palabra de Dios. No olvide llevar su Biblia. Con o sin deuterocanónicos. Llévela. Es un signo externo y un testimonio de que la Palabra de Dios es la vida de nuestra vida. Y que María, la Virgen de las Mercedes, nos enseñe a acogerla, como lo hizo ella. ¡Allá nos vemos!




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