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Luis Alberto De León Alcántara

Luis Alberto De León Alcántara


Jesús: vencido salió vencedor


  • 08.04.2021 - 12:00 am

Mientras Jesús llevaba la cruz en su espalda, al momento de ser crucificado en Jerusalén, el Diablo reía, cantaba, se moría de la alegría por haber logrado que todos condenarán al Rey de los Judíos a muerte, pues, era un gran logro ver al Hijo de Dios sufriendo y padeciendo por los pecados de la humanidad; pagando una deuda que no había cometido, es decir, el maligno se creía el dueño del Universo, el todopoderoso, el rey de reyes, porque estaba contemplando la crueldad con que trataban al Mesías. 

Satanás pensaba con mucha seguridad y firmeza que su hora de gobernar la tierra había llegado, pero la realidad era otra, era justo y necesario que el mal se diera cuenta que no nació para reinar, que no era su esencia adueñarse de la vida de los seres humanos. De aquí que, el rostro del demonio cambió, todos sus planes se fueron abajo, lo que anteriormente era júbilo y emoción se volvió amargura y confusión, porque al tercer día de morir Jesús, salió de entre los muertos, lleno de gloria y majestad. No se quedó en la tumba como pensaban los que participaron de su muerte.

El Maestro resucitó, logró vencer la muerte, llevaba en sus manos la bandera de la victoria, no permitió bajo ninguna circunstancia que el dolor y el sufrimiento destruyeran la promesa que Dios hace a quienes ama y creen en su mensaje de salvación. Fue fiel a su palabra, no hubo engaño en sus labios, sabía que tarde o temprano la verdad saldría de la oscuridad y seria conocida por todos. Por eso, la paciencia de Dios guardaba silencio, no se escuchó queja brotar de su interior, dejó que los insultos, las burlas de los adversarios y los deseos inhumanos de aquellos que no fueron capaces de ver y aceptar la misericordia de Dios transformaran sus vidas, le mostrara una nueva forma de mirar lo creado.

El testimonio de Jesús es verdadero, se cumplió lo que una vez dijo: "Si el grano de trigo, que cae en la tierra, no muere, queda solo; pero si muere, produce mucho fruto" (Jn 12, 24). Necesaria se hizo entonces la muerte de Cristo para que luego pudiera participar de la gloriosa y eterna resurrección, para que entrara por siempre en la luz eterna de su Padre, porque lo repite el Salmo: “Porque lo que creen en ti, no quedaran defraudado”.

Porque vivir sin sufrir, es existir sin vivir, y como la vida es asumir todo, Jesús vivió. Es la lógica de Dios, hay que pasar por el sufrimiento, el dolor, el sacrificio, la tentación y todos los males como ese proceso de purificación, como esa etapa que todos debes cruzar si se quiere llegar al cielo y estar en la mesa con el Cordero, con el Santo de Dios y con aquello que sin ser pecador se hizo pecado para devolverle a todos la gracias de ser hijos amados de Dios. 


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