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Luis Alberto De León Alcántara

Luis Alberto De León Alcántara


¡Jesucristo ha resucitado, en verdad resucitó!


  • 15.04.2021 - 12:00 am

Jesucristo ha resucitado. La muerte ya no tiene la última palabra en nuestras vidas. Dios cambió la historia cuando cumplió su promesa al resucitar a su Hijo. La tristeza, el dolor, la angustia y el sinsentido de la vida, fue destruido cuando Jesús salió victorioso de la tumba y fue anunciarles a sus hermanos la paz, pero no una paz como la que ofrece el mundo, pasajera y exterior. La paz que viene de Dios es distinta, es capaz de llenar el interior de nuestro corazón y de restablecer la gracia que habíamos perdido por culpa del pecado.  

La resurrección no es un cuento de Hadas, tampoco un consuelo anual para no temerle a la muerte, ni mucho menos un escapa a las contrariedades de la cotidianidad. Todo lo contrario, la resurrección es la gran verdad de fe del cristianismo, la esperanza que nos sostiene y la fuerza que nos anima a encontrarle sentido a nuestra existencia. Vivir para morir es la lógica humana; morir para resucitar, es el proyecto que tiene Dios para cada uno de nosotros. Porque en el pensamiento del Creador está la salvación de la humanidad, no su perdición. Pues, Jesucristo ha venido a rescatar lo que se había perdido.

Cristo vuelve a resucitar en un mundo que está rodeado de muchos signos de muerte, en una sociedad donde seguimos luchando con una Pandemia y en una cultura que busca despenalizar el aborto y justificar los comportamientos inmorales. Jesús resucita para que tengamos vida y vida en abundancia. Viene en nuestra ayuda, sale a nuestro encuentro. Dios no se quedó indiferente ante nuestras miserias y nuestras penurias, no permaneció con los brazos cruzados mientras todo en nosotros se derrumbaba. Como nos amaba con un corazón de Padre, envió a su Hijo, el cual, murió y fue devuelto a la vida para abrirnos el camino que conduce al cielo, donde se encuentra la gloria. 

Así como los Apóstoles fueron testigos de la resurrección de Cristo, de la misma manera cada cristiano en el mundo está para ser testimonio de salvación para los demás. Está colocado en la tierra para ser luz que ilumine a todo el que se encuentre extraviado y confundido. También estamos en la sociedad para radiar esperanza, optimismo y fortaleza. En otras palabras, estamos puestos para contrarrestar el mal, el pesimismo y un pensamiento derrotista que solo nos recuerda que todo termina con la muerte. 

Realmente Jesucristo ha resucitado, en verdad resucitó. Bajó de cielo y puso su morada junto a la nuestra. Piso nuestro barro, sintió nuestras penurias, vivió el trago amargo de la muerte, pero al final, venció, logró rescatarnos de las garras del maligno. Nos reencausó hacia el trayecto de su Padre. Por eso ya no hay nada que temer, solo hay que confiar y llenarnos de la luz del Maestro. Porque ya no somos hijos de las tinieblas, sino hijos de la luz y nos encaminamos hacia la Patria divina.  


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