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Luciano Filpo

Luciano Filpo


Indignación contra la desigualdad


  • 14.11.2019 - 07:05 pm

El mundo se halla inmerso en una coyuntura convulsa se registran protestas en todas las partes cardinales. Se profundiza las desigualdades en el planeta. Las mayorías carenciadas se agotan de vivir a la inopia, la indigencia y la segregación. No ha sido suficiente el circo mediático, el entretenimiento, la enajenación mental continúa. Los muros de la desigualdad y la inequidad se están resquebrajando, las estructuras del capitalismo global no muestran capacidad homeostática de auto superarse y regularse, la naturaleza salvaje del sistema, la búsqueda continua del lucro y el interés particular colocan a los grupos privilegiados en la posibilidad y la ambición desmedida de mantener cánones y la inequidad.

Los factores que desestabilizan regiones del mundo son de naturaleza económica, política, social y generacional. La geopolítica, la dominación estratégica de los recursos naturales, el control de supra-estados sobre las riquezas sumergidas en el interior del subsuelo y los fondos marinos. El petróleo es un factor de discordia en el planeta, provoca caída de gobiernos, desestabiliza la economía: Libia, Yemen, Venezuela, Siria son países víctimas de sus yacimientos, el cobre chileno genera el golpe de estado a Salvador Allende; el litio boliviano material muy importante para la tecnología de la información y la comunicación genera el golpe a Evo Morales más los errores que este comete.

Bolivia ha sido un cementerio histórico de su población originaria. La mina de Oruro sepultó a miles de indígenas, los cuales eran conculcados a trabajar de manera forzada, el presidente Goulat de Brasil fue depuesto del poder en 1964, por la necesidad de Estados Unidos de controlar el manganeso  y otros materiales que se hallaban en el subsuelo gigante de Sudamérica, pero que se necesitan para la industria aeronáutica de Estados Unidos. La dominación colonial y neocolonial de grandes regiones del planeta son fuentes de explotación, desigualdad, saqueo, pillaje y acumulación originaria del capital. Aunque la ambición de hombres y naciones no varía, hay un empecinamiento en apropiarse de materiales estratégicos para la industria actual, sin pasar por los rigores del comercio justo y el intercambio equitativo entre pueblos y entre hombres, como podrían decir Benito Juárez o José Martí. La revolución informática ha transparentado parte de la información, ha colocado mucha información en manos de la población. Se ha roto el monopolio de la información, se democratiza el acceso a la noticia,  pero crecen los mecanismos de manipulación.

Se está en el tránsito de la cultura de la imagen, de la exposición de iconos, cada vez existe menor compromiso con la cultura escrita, la lectura y el discernimiento. Como dice G. Sartori el homo y el demo se han debilitado. Cada vez es más vulnerable la capacidad de construcción de conceptos y argumentos por el ser humano así como se debilita el pueblo y la democracia. Giddens habla de la necesidad de democratizar la democracia, de crear espacio de participación, de fomentar la cultura política entre los ciudadanos, es decir ejercer una ciudadanía activa y comprometida con el cambio. La sociedad red como establece Manuel Castell, no deja espacio para los liderazgos mesiánicos, para rendir culto a la personalidad. Hoy se rinde culto al cuerpo, a la estética, no a las ideas y a las personalidades absorbentes. Los liderazgos absorbentes del siglo XX han caducado: Delano Roosevelt, De Gaulle, Churchill, Stalin, Franco Perón, Vargas, Cárdenas, Haya de la Torre. La inmediatez de los medios, la ruptura del tiempo real en la comunicación, el acceso a la información de manera rápida, no dejan espacio para esos líderes que obnubilan, que ciegan, que contraen el ánimo, que despiertan pasión y fanatismo. En este siglo XXI, resulta poco probable y posible construir por mucho tiempo un liderazgo absorbente y avasallante. Pasó la época de los hombres y mujeres que eran imprescindibles, insustituibles. Las figuras son efímeras hoy, el hastío llega pronto. Este sentimiento de cansancio puede ser bueno para la democracia. La democracia se fundamenta en la alternabilidad y en la revocación del poder cuando sea necesario. Los procesos sociales que se observan en la región latinoamericana son la expresión de la desigualdad secular, la opresión de décadas, la marginalidad urbana y rural, el saqueo de los recursos naturales entre otros... Lo que pasa en la región, reclama información objetiva y compromiso real con los procesos de democratización.

Parece que las democraduras, como dijo Galeano, siguen vigentes en Latino América, más de 20 muertos, más de 100 jóvenes han perdido un ojo en Chile, el espejismo suramericano se desmorona. Contra el sentimiento popular, que le dijo no en un referéndum, Evo se empecina en mantener su candidatura y ha traído consigo la situación de inestabilidad y golpe de estado, de la derecha y el imperio aprovechan la duda generada en el proceso electoral para desconocer la voluntad popular. La situación latinoamericana es compleja, tanto la derecha como la izquierda confrontan problemas para mantener la gobernabilidad. También el espectro geopolítico se complica: Rusia y China tienen muchos intereses en la región. EEUU pretende recuperar de golpe y porrazo su vieja influencia en Latinoamérica,  con la agravante de que dicho país no ofrece relaciones horizontales sino de subordinación, de ver la región latinoamericana como una nodriza o sirvienta, la cual debe prosternarse a las exigencias del imperio. Esto ha cambiado, la geopolítica ha variado, en el fondo, Latinoamérica se moviliza buscando su soberanía, el respeto, la construcción de un pensamiento y praxis decolonial, es decir, tener pensamiento propio. Sin mesías ni redentores, pero con líderes que promuevan la justicia y la equidad social.

El autor es Dr. en Educación.


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