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Felipe de Js. Colón

Felipe de Js. Colón


III Jornada Mundial de los Pobres


  • 14.11.2019 - 07:04 pm

Una vez más, su santidad, el papa Francisco, nos pide, no olvidarnos de los pobres, de ahí que nos ha convocado a orar y ser solidarios, para que  desde nuestra realidad, seamos solidarios y generosos. El lema de este año se titula. “La esperanza de los pobres nunca se frustrará” (Salmo 9,19). Contiene diez párrafos. Intentaré resumir resaltando lo más relevante de su escueto mensaje.

El salmo 9, 19, expresa una verdad profunda que la fe logra imprimir, y es devolver la esperanza a los pobres, a causa de la injusticia, el sufrimiento y la precariedad de la vida. El salmista describe la condición del pobre y la arrogancia del que oprime (cf. 10,1-10); invoca el juicio de Dios para que se restablezca la justicia y se supere la iniquidad (cf.10, 14-15).

La pobreza extrema es el resultado de la injusticia, de una mala distribución de los bienes comunes, permitiendo que unos pocos alcancen una riqueza grosera, a costa de pagar mal a los empleados y evadiendo impuestos al Estado y al municipio. Un salario pírrico es someter al pobre a la esclavitud. El abandone de su propio terruño para emigrar a tierras extranjeras, buscando un mejor vivir para su familia; jóvenes en busca de una realización profesional a los que se les impide el acceso al trabajo a causa de políticas económicas miopes, víctimas de tantas formas de violencia, desde la prostitución hasta las drogas, y humilladas en lo más profundo de su ser. Cuantas personas marginadas y sin hogar que deambulan por las calles de nuestras ciudades. 

Es una pena que al pobre, generalmente, se le considere un parásito en la sociedad, que no se les perdone ni siquiera su pobreza, deambulan de una parte a otra de la ciudad, esperando conseguir trabajo, una casa, un poco de afecto.

Se pueden levantar muros y bloquear las puertas de entrada con la ilusión de sentirse seguros con las propias riquezas en detrimento de los que se quedan afuera. D. Primo Mazzolari, escribió: “El pobre es una protesta continua con nuestras injusticias, el pobre es un polvorín. Si le das fuego, el mundo estallará”. No hemos de olvidar que el Dios que Jesús quiso revelar es éste: un Padre generoso, misericordioso, inagotable en su bondad y gracia, que ofrece esperanza sobre todo a los que están desilusionados y privados de futuro.

La promoción de los pobres, también en lo social, no es un compromiso externo al Evangelio, por el contrario, pone de manifiesto el realismo de la fe cristiana y su validez histórica. La espiritualidad de los cristianos debe ejercer una influencia en la vida social.

La opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y rechaza, es una opción prioritaria que los discípulos de Cristo están llamados a realizar para no traicionar la credibilidad de la Iglesia y dar esperanza efectiva a tantas personas indefensas.

El compromiso de los cristianos, con ocasión de esta Jornada Mundial y sobre todo en la vida ordinaria de cada día, no consiste solo en iniciativas de asistencia que, si bien son encomiables y necesarias, deben tender a incrementar en cada uno la plena atención que le es debida a cada persona que se encuentra en dificultad. La esperanza se comunica también a través de la consolación, que se realiza acompañando a los pobres, como un acto de amor gratuito. El Señor no abandona al que lo busca y a cuantos lo invocan; “no olvida el grito de los pobres” (Sal 9,13).


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