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Redacción

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Humanismo


  • 06.04.2020 - 12:00 am

La pandemia del Coronavirus emplaza a la población, en especial a quienes controlan los poderes político, social y económico, a reflexionar en la búsqueda de la conciencia para reordenar su comportamiento y aunar esfuerzos en la construcción de un sistema institucional inspirado en el humanismo.

Al margen de las ideologías e intereses económicos, quienes dirigen a las potencias mundiales deben meditar con sentido crítico para entender la necesidad de  relegar  sus ambiciones particulares y trabajar por el bienestar social de la población mundial  y con esos fines, es un desafío, desarrollar regímenes basados en equidad, justicia, libertad, respeto a los derechos fundamentales e igualdad.

Es propicio poner  en práctica programas y políticas públicas que se sustenten  en el humanismo, con el objetivo de satisfacer las necesidades básicas de la gente en pos de la alegría y la felicidad de la humanidad.

¿Qué es el humanismo? Hay muchas definiciones sobre esta corriente filosófica  y la más apropiada en este momento es la siguiente: “Es una filosofía de la vida democrática y ética, que afirma que los seres humanos tienen derecho y  la responsabilidad de dar sentido y forma a sus propias vidas”.

También, hay filósofos, pensadores  y cristianos, que observan al humanismo como guía para la “construcción de una sociedad más humana a través de una ética basada en valores humanos.”

Cierto, hoy día se necesitan sistemas políticos humanistas, porque el COVID-19 ha demostrado las condiciones inhumanas de las estructuras y superestructuras de los estados y el poder.

La muerte de decenas de miles de personas e infestación de más de un millón, han desnudado el salvajismo del capitalismo, pues en potencias como Estados Unidos, Francia, España e Italia han salido a flote las debilidades y el desastre de sus sistemas de salud, en la medida que se concentra la mayoría de víctimas y las autoridades no han tenido capacidad de respuestas a las demandas de hombres y mujeres desamparados a su suerte ante los embates del Coronavirus.

Un ejemplo de esta dramática realidad se palpa solo en el estado de New York, Estados Unidos, pues se muestra un panorama sombrío con cientos de cadáveres amontados en furgones y pasillos de hospitales,  un déficit de 65 mil camas hospitalarias y miles de personas en espera de atenciones médicas, lo que  revela que el sistema sanitario de las naciones poderosas no es tan eficaz como establecen los capitalistas.

“El capitalismo salvaje” se ha revelado como un fracaso frente a la pandemia del COVID-19, por tanto, es apremiante humanizar y democratizar ese sistema político, con el propósito de distribuir con equilibrio y equidad  los presupuestos nacionales, los bienes que producen los pueblos y el Producto Interno Bruto.

No es justo que solo 20 países controlen el 80 %  de  los capitales mundiales y que el 80 % del resto del planeta apenas disponga del 20 %  de esas riquezas; esa es una de las causas de la tragedia que ha ocasionado el Coronavirus.

Todas las fuerzas vivas del globo terráqueo tienen un gran reto: unirse alrededor de una cruzada para vencer al COVID-19, por la conservación de la sanidad de la humanidad.

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