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Luciano Filpo

Luciano Filpo


Hostos y la ideología del progreso


  • 14.02.2020 - 12:00 am

La ideología hace alusión al conjunto de ideas, percepciones y constructos que articulan un imaginario acerca de la realidad. La ideología refleja la cosmovisión del mundo que tiene un individuo o un grupo social. La ideología puede ser de naturaleza sacra, política, económica, filosófica, histórica, estética, cosmogónica… también la ideología puede reflejar un estado de inercia, dinámica o estática social. En la ocasión se abordaría la ideología del progreso, la cual se articula al llamado movimiento de la ilustración o las luces. El siglo XVIII, es el siglo de la ilustración, de los filósofos iluminados, de quienes asumieron la razón como instrumento de pensamiento lógico y de liberación del ser humano. El pensamiento y la ideología de la ilustración se expresaron a través del positivismo, el cual estuvo precedido del racionalismo cartesiano, del naturalismo y empirismo.

En el continente latinoamericano y el caribe las ideas ilustradas llegan en la postrimería del siglo XIX. Las colonias españolas no recibieron el empuje positivista del siglo XVIII, no obstante, las reformas borbónicas que se produjeron. En el contexto caribeño y dominicano, será Eugenio María de Hostos quien desplegará su magisterio ilustrado a través de la llamada ideología del progreso. Entre 1875-1900, se produjo en República Dominicana la llamada época del cambio. Se inicia un paulatino proceso de modernización de la sociedad dominicana, migraciones, instituciones educativas y culturales, controles del caudillismo vernáculo y del complejo heroico del dominicano. Las reflexiones de Hostos en torno a la realidad dominicana, de inmediato asumieron la necesidad de promover la reflexión educativa como instrumento de superación y organización social e institucional. Hostos es un pensador caribeño antillanista, partidario de la independencia de Cuba, Puerto Rico y República Dominicana. Participó en la revolución de 1868 o Grito de Lares en Puerto Rico.

Se dedicó a fraguar el proceso independentista de su Patria Chica, Puerto Rico, pero fue un Quijote Cívico, cabalgaba por América vendimiando su magisterio, la pedagogía laica. Hostos llega a Republica Dominicana en 1879, bajo el gobierno de Gregorio Luperón. De inmediato, tras observar la abigarrada realidad dominicana dominada por guerras intestinas, crisis institucional, escasa educación. Hostos asumió la expresión de Domingo Faustino Sarmiento, en su “Ensayo Facundo”, “Civilización o barbarie”, para Hostos el problema dominicano estaba relacionado con la carencia de educación, con la promoción de un pensamiento y práctica social que contribuyera a la superación material y cultural del ser humano. El pensamiento hostosiano se alimenta del positivismo y el Krausismo. Promover el fomento del pensamiento racional, lógico, dinámico, cambiante.

La ideología de la ilustración era el insumo de la modernidad, del cambio, el progreso. El pensamiento ilustrado inviste las viejas ideas medievales, la escolástica, la sumisión al dogma. La educación hostosiana es de naturaleza laica, al margen de las creencias religiosas, promueve el pensamiento lógico, institucional, en ese marco articula la formación de las escuelas normales, los progenitores del sistema educativo dominicano. Por otro lado, también el pensamiento de Hostos se alimenta del Krausismo o doctrina que procura armonizar la razón y la moral. En ese contexto escribe su moral social o el conjunto de reflexiones acerca del comportamiento del ser humano. La presencia de Hostos en República Dominicana vino a reforzar la inclinación del partido azul por mejorar la condición existencial y material del pueblo dominicano.

Pensadores como Pedro Francisco Bonó habían estudiado la realidad del campo. Apoyan la tendencia al cambio y el progreso, pero observa los peligros que entraña la modernidad, las diferencias entre el campo y la ciudad, los procesos de acumulación de Capitales, a través de los cuales se producen los despojos de las tierras para dar paso a la moderna industria azucarera. Con el contubernio de notarios, jueces y políticos se iniciaron los despojos de terrenos a los campesinos dominicanos en el siglo XIX. A los campesinos que reaccionaron contra el entreguismo y el saqueo se les denomino gavilleros o ladrones; la víctima era presentada como el victimario.   Los gobiernos azules facilitaron la instauración de la industria, promovieron las migraciones y las instalaciones de ferrocarriles, fábricas y escuelas. Por su lado Ulises Francisco Espaillat, encarnaba la idea de progreso en la educación y la agricultura, así como en la institucionalización del país. Para Espaillat era pertinente el ejercicio democrático y ético del gobierno rechazando el patrimonialismo, clientelismo y otras prácticas de la manigua dominicana y el marasmo político.

El pensador liberal y un tanto pesimista de José Ramón López se observa impotente a los problemas internos del país. Cree los dominicanos se han degradado tanto que no son capaces de dirimir sus problemas internos, que hace falta una mano tutelar y mesiánica que nos redima de la postración institucional y de la vocación a las guerras y reyertas particulares y sociales. La ideología del progreso insertada en gran medida por Hostos en el país coadyuva a reforzar la educación y el temido proceso de institucionalización. Hostos es el sembrador de una generación de educadores que crean las bases para modernizar la sociedad dominicana.

La educación Hostosiana sigue siendo un referente de pensamiento para generar cambio y promover una dinámica social donde los hombres y mujeres se liberen de la ignorancia y del pasmo institucional a través de la pedagogía de la razón. El ciudadano de América no escatimó esfuerzos ni recursos para promover la formación de sociedades caribeñas libres, justas y equitativas. El legado de Eugenio María de Hostos se hace imperecedero en la sociedad dominicana y en referente institucional para la formación de ciudadanos y ciudadanas comprometidos con un comportamiento cívico, lógico y apegado a la realidad.

El autor es Dr. en educación. 


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