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Miuris (Nurys) Rivas

Miuris (Nurys) Rivas


“Historia de un adiós”


  • 16.09.2019 - 07:24 pm

Algo en mi se niega hoy a escribir sobre política, fue quizás que las fichas del tablero de ajedrez recién movidas, rebotaron en mi conciencia, no lo se.

Comparto la otra parte de mis inquietudes y con ello me permito enviar un saludo al doctor Pedro Mendoza, reputado médico nuestro y contertulio de opinión en este querido periódico.
   
Me dedica en ocasiones unos bonitos comentarios bajo mis artículos, doctor Mendoza, hoy me siento empachada de política y le invito a leer algo de mi sentir de poeta escrito bajo una tormenta de lluvia y truenos saliendo de un aeropuerto.
   
Como se va la tarde cuando llega la noche, como un suspiro, como un arcoíris se deslía en colores detrás de una montaña.

Se marchó con la hora imprecisa, cuando casi la noche apenas ha llegado, cuando no es tarde ya, pero tampoco noche, cuando la luz se apaga y amenaza la sombra con envolverlo todo.

Voló con el ocaso, cuando del negro cielo emergía la lluvia y temblaban las nubes por la fuerza del trueno.

Se fue así como quien apenas  se aleja, sabiendo muy adentro que su marcha, era volver a empezar a contar el tiempo, que dolía el adiós que callábamos.
   
Partió entre la lluvia espesa que mojaba la tierra y el viento huracanado que dejaba el estrago de un vendaval que más que al cuerpo, iba azotando el alma.

Temía su mirada, mis ojos atrevidos me engañaban y directos la buscaban, mientras yo sonreía imaginando que mi cara en vez de una sonrisa, reflejaba una mueca.  
El reloj avanzaba, los dos al mismo tiempo, sin quererlo, mirábamos la hora y al levantar los ojos, esbozábamos una caricatura de sonrisa.
   
Empezamos a hablar, del tiempo, del sol que se ocultaba, de la lluvia insistente, del cielo gris y a lo lejos, a través del cristal, volaba una gaviota, daba la sensación de que sus alas se abatían cansadas,  yo tuve el temor de que iba a caer,  tan solitaria estaba que sentí  que no era un ave, sino el alma mía desdoblada.

Al fin llegó la hora, apremiante, precisa, mejor así, ¡total! si de todos modos tenía que marcharse, mejor hacerlo pronto para no prolongar la agonía que a ambos consumía.
¿Lloras? ¡No por Dios! es el viento que ha dejado en mis ojos el ardor de su ráfaga ¿Y tú? Tienes roja la cara y húmeda la mirada, parece que la brisa también causa escozor en tus ojos.
   
Es la hora, el tiempo pasa, verás que de la misma manera, pasarán estos meses y pronto muy juntos nuevamente, riendo recordaremos este momento, ahora sin embargo, hay que marchar.
   
Si, además ya no hay distancias grandes, estamos a un clic del recuerdo, del pensamiento, no hay porqué afligirse, en tan solo un instante, estamos conectados.       


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