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Redacción

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Hambruna mundial


  • 15.03.2021 - 12:00 am

A diario se incrementa la cantidad de personas que padecen los efectos del hambre, situación que se ha agravado desde febrero del año 2020 hasta hoy, debido a la pandemia COVID-19  y a conflictos evitables, porque esa enfermedad y los intereses de los poderosos han impactado de forma negativa en la  economía, la producción, la alimentación, el empleo, la salud y la vida en sentido gene­ral.

Millones de seres humanos están afectados de desnutrición e insalubridad, porque su alimentación es muy mala, pues no consumen las calorías que necesita el organismo para desarrollarse con salubridad.

Frente a esa dramática realidad, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) lanza una voz de alerta, tras establecer que alrededor de 800 millones de habitantes del planeta encaran una escasez endémica de alimentos y vaticinó que de continuar esa tendencia se produciría una hambruna mundial, lo que provocaría una catástrofe global.

El coronavirus ha ocasionado la desaceleración económica, crisis financiera, descalabro del sistema de salud, pérdidas de millones de plazas de trabajo, quiebra de empresas grandes, medianas, pequeñas y micros; esa panorámica ha implicado que los aparatos productivos, los mercados internacionales, la producción agropecuaria, el turismo, construcción, transporte y la educación se han desplomado a niveles alarmantes.

Conforme a las Naciones Unidas, en países africanos, centroamericanos y latinoamericanos, en los cuales  se sienten  los  estragos derivados del hambre, incluso muchos mueren por apetencia, cuya pro­blemática atribuye a la COVID-19 y a  conflictos evitables

Antonio Guterres y David Beasley, secretario general y director del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, respectivamente, llaman a los gobiernos y los estados a recaudar con urgencia cinco mil 500 millones de dólares con el fin de evitar una hecatombe a escala planetaria, en vista de que decenas de millones de personas residentes en 30 países están a punto de sufrir una hambruna.

También, evidencian  resultados de estudios e investigaciones rea­lizadas por especialistas de la ONU, 270 millones de personas confrontan una grave crisis alimentaria y 88 millones sufren hambre aguda desde finales del 2020, como consecuencia de conflictos, COVID-19 e inestabilidad socioeconómica.

Y lo peor es que se vaticina el incremento a la  aterradora tendencia durante el 2021, en caso de que desde los estados no se apliquen políticas públicas eficientes y eficaces para recuperar la economía, producción, mercados, finanzas, salud, educación y todo cuanto responda a las necesidades perentorias de la humanidad.

Gobernantes del globo terráqueo, incluidos los dominicanos, deben estudiar el informe de la Organización de las Naciones Unidas para comprender, asimilar e interpretar la magnitud de la crisis, ya que de ese modo tomarán conciencia sobre el papel y los desafíos que tienen por delante en procura de prevenir desastres  y situaciones eludibles.

Las preocupaciones aumentan ante el rebrote del coronavirus en varias naciones y al surgimiento de nuevas cepas de la afección, porque se dificulta retornar a la normalidad y eso genera el temor de que se caiga en el abismo.

Que se afronten, entonces, los retos que tienen quienes controlan los poderes político, social y económico en busca de impedir una catástrofe mundial.


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