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José Jordi Veras R.

José Jordi Veras R.


Hace diez años


  • 01.06.2020 - 10:40 am

Este martes dos de junio se cumplen diez años del atentado del que fuimos objeto para terminar con nuestra vida física y luego moral. 

No bastaron solamente dos tiros a la cabeza para buscar fulminar nuestra respiración y palpitar. Se quiso una vez Dios había hecho el milagro de mantenernos con vida, acabar por la vía del descrédito y la difamación, con la parte moral y emocional nuestra y familiar.

Haciendo historía breve: recuerdo como ahora esos momentos y hasta los días previos al hecho. Y es ya en medio de las investigaciones y del proceso, que nos enteramos de cómo era la trama; cuánto se pagó y cuál era el día realmente de la tentativa.

Si bien es cierto que fueron acusados y sentenciados siete imputados, Candy Caminero Rodríguez (quien tiró del gatillo); Arturo José Ferreras(que conducía el motor robado) Roberto Zabala Espinosa (quien esperaba en su vehículo para trasladar a Santos Domingo a los sicarios; Franklyn Reynoso; Engels Carela Castro; Francisco Carela Castro; y Adriano Rafael Roman Román.  Todo estos tuvieron sus colaboradores de una forma o de otra, antes y después de los hechos. Pero esos  también los ha juzgado Dios o juzgará como entienda. Eso ya no es ni será nuestro papel. 

A diez años de aquella experiencia que sin duda alguna cambio de forma rotunda el curso de nuestras vidas, podemos decir que hemos tratado de que a esa pausa, haberle sacado el máximo provecho desde todo punto de vista.

Hemos tratado dentro de lo posible haber transmitido de la mejor manera y para bien, que esa acción no quedara impune y que de ella aprendieran el mejor mensaje cada quien que hubiese atravesado por la misma situación o algún pariente y pudiese encontrar en lo nuestro, un buen ejemplo. 

Estamos conscientes de la batalla que libramos en aquella época, que no solo fue sobrevivir a las lesiones, sino haber tenido que enfrentar durante años todo tipo de diatribas y incidentes; mezquindades; maldades más allá de la trama; egoísmos; complicidades de todo tipo. En fin, momentos de los cuales tenías que sacar mayores fuerzas mentales y espirituales para no darle paso a rendirte y buscar sostenerte basado en todo el apoyo que se recibía y que aún hoy, a pesar del tiempo, hay quienes nos encontramos en cada rincón del país y fuera de aquí, que oraron por nuestra salud y suerte. A todo ello, siempre lo hemos visto como una gratitud otorgada por la divinidad, y no como algo de índole personal. 

Tal como expresa en otras ocasiones, “no le deseo a nadie ni a quien entiende adversa mi forma de pensar o de actuar, le desearía un tránsito como el que tuvimos que caminar, junto a nuestra familia; seres querido; amigos; abogados; y todo el pueblo dominicano que con su gran corazón de solidaridad, se mantuvo atento a todo lo que acontecía. 

Solo nos resta expresar nuestra gratitud,  cómo familia, grande y pequeña, a Dios; y a cada dominicano que de alguna manera fue instrumento para nuestra recuperación y para llevar a cabo de manera satisfactoria toda la lucha legal y jurídica que tuvimos que enfrentar. 

Diez años después, estamos más que claros, que la vida es una sola; que la podemos perder en un segundo; que la maldad del ser humano no tiene límites; que las ambiciones y egoísmos mueven los peores corazones. Sin embargo, aprendimos y eso está dentro de aquellas cosas que alimentan nuestra alma: el cariño y apoyo mostrado que se traduce en solidaridad; el gran valor de quienes sin conocernos, estuvieron decididos en arriesgar sus propias vidas,  como aquellos más de veinte testigos: a fiscales y policías, que con su ardua labor, hicieron posible la fortaleza del expediente; a médicos, enfermeras y hasta camilleros, que colocaron su granito de arena para que fuera realidad todo lo que de forma armónica resultó.  Siempre hemos dicho, el amor y dedicación, fueron mayores que la propia maldad que no solo se hizo presente al momento de sonar los disparos aquella mañana de un miércoles dos de junio del 2010.


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