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Fausto García

Fausto García


Gran teatro ¿Del Cibao o de las ferias? En honor al Padre César Hilario


  • 13.01.2020 - 12:00 am

La vida y sus cosas son de forma y de fondo.  Lamentablemente, hay quienes pierden el fondo, por estar guardando “las formas”. (Fausto García) 

El viernes 13 de los corrientes, participé por coincidencia en una misa celebrada en la iglesia La Altagracia, de la ciudad de Santiago de los Caballeros, dedicada entre otras intenciones, a la memoria del señor Ramón Antonio Núñez Payamps, reconocido comerciante, trabajador e inquieto ciudadano de la región y el país, y a quien tuve la oportunidad de conocer por brindarle mis servicios profesionales durante varios años, y que después de terminar, mantuvimos sanas y amistosas relaciones por muchos más.  De vez en cuando me llamaba para intercambiar impresiones sobre algunos de mis artículos y otros suyos, publicados en el periódico La Información, sobre distintos temas e inquietudes que le surgían al mismo como hombre de pueblo, y, sobre todo, con una sabiduría popular y natural que pocos tienen. 

En una de las celebraciones de fin de año en la que pude participar precisamente, en un diciembre, hablando e interactuando con él y punchándolo de mi parte, para que dejara salir -y yo nutrirme de esa sabiduría de hombre labrado en las experiencias del campo, del pueblo, y sobre todo, de las gentes-, me dijo una expresión, refiriéndose a un gran abogado de Santiago -vivo pero aun en el anonimato, es un erudito del conocimiento, una especie de biblioteca andante- que nunca se me ha olvidado, y fue: “fulano es una perla en un basurero”.

Quiero decir lo mismo, y en el mejor sentido de la expresión, se que el así lo entenderá como hombre también sabio del Evangelio y de la música, el padre César Hilario, vale decir, que el mismo es una especie de “perla en un basurero”.  El es la perla y el basurero del arte y la cultura es Santiago, donde le ha tocado al parecer vivir gran parte de su vida.  Y esto porque siendo quien es en materia de música, el arte y la cultura en sentido general, no se aprecia su labor de darse por entero en cada concierto que celebra el Orfeón de Santiago, el cual dirige con gran entusiasmo y entrega, incluida la lucha por darle a los integrantes lo mejor de la música y lo mejor de si en el área, también al pueblo.

Pero ese pueblo, valora muy poco esas cosas, pues somos pocos sabedores y, por ende, amantes del arte y la cultura, salvo contadas excepciones. Aquel viernes 13 participé del 58 concierto celebrado por ese maestro, esta vez en la Catedral Santiago Apóstol.  En mi caso, cuando me aproximaba al templo por la calle 30 de marzo, -norte-sur- lo vi cerrado y pensaba si me habría equivocado de fecha, por lo que me desmonté y me acerqué y me dijeron que la entrada era por el sur. Allí estuve, lo disfruté, pero a la vez me indigné con el mismo arte y cultura que a migajas se nos da desde el Estado. 

Y lo anterior, porque el padre Hilario al iniciar el concierto lo introdujo diciendo que como en Belén, José y María no encontraron pasada, tampoco el Orfeón en Santiago para el concierto, por lo que agradecía infinitamente al párroco y demás de la catedral el facilitarle esa posada para que allí naciera -en ese Belén- el 58 concierto celebrado por ese gran equipo.  A pesar de las limitaciones propias del espacio, en todos los sentidos de la palabra, quedó bueno, tan bueno, que el mismo padre Hilario, casi al terminar sutilmente lanzó al aire su merecida queja y dijo en un momento, “estamos aquí porque la casa del arte en Santiago esta noche está vendiendo carros…”.

Algunos cerca de mí, coincidimos al unísono, en decir, ¡Que pena! ¡Ese es nuestro país! Que un concierto así y un esfuerzo así, de tantos jóvenes talentosos y el mismo público, no puedan hacer y disfrutar de un evento de tal especie en el lugar destinado para tales fines, porque ese lugar, por decisión de sus responsables, en representación del Estado, viene teniendo la practica desde hace varios años, de dedicar ese GRAN TEATRO DEL CIBAO para grandes ferias y eventos de todo tipo, que nada tienen que ver con el arte y la cultura. 

No conozco al padre César, ni siquiera recuerdo haber participado en una misa donde el mismo este celebrado, pero si tengo muy vigente, que hace unos meses  me tropecé con el en la emisora Radio Norte (720 a. m.), por donde se difunde la eucaristía que celebra cada domingo, a las 8:00 a. m. en la Capilla de Nibaje, y que vale la pena escucharlo, pues es realmente un heraldo del Evangelio.

Al notar su santa indignación, en la misma catedral me dije y repito GRAN TEATRO ¿DEL CIBAO O DE LAS FERIAS?  Ojalá el Ministerio de Cultura juegue su rol y disponga el cese de las ferias en el Gran Teatro del Cibao.  Me temo creer que sea por algunos pesitos que el mismo haya aceptado tal vulneración al arte y la cultura en Santiago, el país y el mundo y se ultraje así el conocimiento, la edad y el respecto que merecen actividades como las desplegadas por el Orfeón de Santiago y el Padre César Hilario, a quienes como desagravio pudiera erigírseles una estatua o mural en los jardines o verjas de dicha casa, para demostrar así, que ellos, el arte y la cultura, todavía tienen allí posada. 


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