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Josefina Almánzar

Josefina Almánzar


Francisco Alberto Caamaño Deñó en el 48 aniversario de su asesinato


  • 19.02.2021 - 12:00 am

Desde siempre sentí la curiosidad de saber más sobre la vida de uno de los hombres más emblemáticos de la historia dominicana de los últimos años y por qué no de Latinoamérica.   Se trata, del que muchos conocen o conocieron por el nombre del Coronel de Abril:  Francisco Alberto Caamaño Deñó.   

 Un buen día llegó a mis manos, como producto del destino, la biografía de este héroe de carne y hueso, a través de la obra de Hamlet Hermán, cuyo título es el mismo del protagonista.  A través de su lectura pude conocer la esencia de ese gran ser humano que era el coronel Caamaño y digo ser humano porque es poco común que un hombre haya superado una formación educativa con conceptos de disciplina militar autoritaria propios de la época, tan arraigados como los que él había aprendido. Para demostrar su grandeza además de superar su formación se entregó a un pueblo que clamaba por libertad, que clamaba por ser independiente de una vez y por todas de todo imperialismo extranjero.  Un pueblo cansado de tantas ocupaciones militares en todo su curso y trayectoria histórica.   

Es admirable, ver cómo este hombre dejó a un lado sus intereses personales y su futuro militar para entregar la esencia de su ser a los intereses colectivos de su pueblo.  Representa para mí un orgullo infinito haber nacido en la misma tierra donde nació este hombre que más que verlo como un súper héroe, un súper hombre hay que verlo y admirarlo como un ser humano que un día tomó la decisión de ser auténtico. Decidió ser autónomo y defender esa autonomía, esa autenticidad contra vientos y mareas.     

Un líder que tomó la decisión de encaminar a un pueblo hacia los senderos verdaderos defendiendo su soberanía por encima de todo y todos.  Una decisión que se la dio el mismo pueblo cuando vio en él un símbolo de integridad, de lo mejor que teníamos como nación cuando en ese abril peleó junto a ellos, ganando la batalla a fuerza de coraje, de puro corazón a los que siempre han querido sacar grandes tajadas a base del sacrificio y del sufrimiento del pueblo. Aquellos que nunca les importó vender su alma al mismo Lucifer, con tal de estar cerca de los que ostentaban el poder.   

 En el 48 aniversario de su vil asesinato, cumplidos el pasado martes 16 de febrero y desde el reconocimiento y la admiración al coronel de aquel abril reflexiono y me digo:  Quizás otro gallo hubiese cantado si el coronel Caamaño estuviese con nosotros. Quizás nos hubiese ahorrado tantas dictaduras disfrazadas de democracia representativa. Tal vez nuestro pueblo tuviera un futuro más concreto, más basado en criterios y principios que nos favorezcan y beneficien a todos y a todas. Quizás nuestros hijos e hijas pudieran valorar nuestras luchas como pueblo y esta indiferencia y apatía no estuviesen reinando en las calles de nuestra cotidianidad. Quizás no hubiese sido necesario arrancar en yola para otras playas extranjeras entregándole la vida a los dueños de los mares para buscar mejor vida.   

Quizás otro gallo hubiese cantado si los dirigentes de los movimientos políticos de ese entonces se hubiesen puesto a la par con los objetivos del coronel, si se hubiesen puesto las botas y se hubiesen dejado de tantas teorías que al fin y al cabo quedaron en el saco del olvido por imprácticas para nuestra realidad social o que sólo sirven para tertulias de un día de recuerdos, de lo que pudo ser y no fue.    

Quizás otro gallo hubiese cantado si los representantes de las Fuerzas Armadas de ese momento se hubiesen unificado en pro de la soberanía nacional, defendiéndola como tal, ejerciendo su verdadera función y no la de violadores de la Constitución del Pueblo. Otra sería la situación si no se le hubiese llenado el cuerpo y la mente de una ambición desenfrenada, de la adquisición de un poder que no le pertenecía.   

Quizás no se hubiese derramado tanta sangre valiosa, no se hubiese desperdiciado y tirado a los brazos de la muerte a tantos talentos jóvenes que hoy hubiesen estado capacitados para dirigir los destinos de esta nación, los cuales hoy hubiesen sido los grandes líderes que tanto necesitamos.      

¡Cuántos quizás, cuantos tal vez!  De lo único que estoy segura es que el coronel Caamaño cumplió su misión como los grandes seres que de vez en cuando nos privilegian al tenerlos como estrellas fugaces del firmamento. Cumplió el deber por el cual vino a formar parte de este planeta. Asumió el rol en el cual lo colocó la vida y lo hizo de la mejor manera posible: con honestidad, con un corazón sincero y entregado a un pueblo porque vibró junto a él y navegó en sus entrañas.   

 En el 48 aniversario de su asesinato sólo me resta desearle Paz, Luz y Amor a su alma y a ustedes amigos y amigas lectores invitarles a leer el libro Francisco Caamaño Deño de Hamlet Hermán porque como dominicanos y dominicanas debemos conocer nuestra historia reciente, sus escenarios y sus protagonistas. Debemos saber que, aunque a veces la película tenga el mismo argumento, nosotros y nosotras somos los responsables de darle el curso a la historia de la vida y cuando no la sabemos, cuando no nos interesa o simplemente cuando la olvidamos, tendemos a repetir los mismos errores con creces.   

 Ya para finalizar permítanme citar unas frases del Coronel de Abril cuando en uno de sus momentos se dirigía al pueblo: “Porque me dio el pueblo el poder, al pueblo vengo a devolver lo que le pertenece.  Por encima de todo, hemos logrado una conquista inapreciable, de fecundas proyecciones futuras: ¡La consciencia democrática!   ¡Despertó el pueblo, porque despertó su consciencia!!!”.    

La autora es abogada y docente universitaria.


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