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Felipe de Js. Colón

Felipe de Js. Colón


Exaltación de la Santa Cruz


  • 12.09.2019 - 07:18 pm

Mañana, sábado 14, la Iglesia celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Es una fiesta antiquísima, relacionada con la Cruz en la que fue crucificado Jesús de Nazaret. Se tiene constancia de esta celebración desde el siglo IV. Es también el aniversario de la consagración de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén en el año 335. El emperador Heraclio, derrota al rey Cosroes II de Persia, pues este la había tomado cuando invadió Jerusalén en el año de 614. Heraclio, 14 años más tarde, recupera la Cruz en el 628, y la llevó de nuevo a su lugar, el 14 de septiembre.

Jesús desafía a todo el que quiere ser su discípulo: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga”. (Mateo 8,24).

La cruz es fruto de la libertad y amor de Jesús. Optó por ella, obedeció su Padre. Negarse a sí mismo implica que renuncio a esas actitudes humanas que riñen con el Evangelio, estas pueden ser la arrogancia, la soberbia, la hipocresía y la indiferencia. Desenmascaremos las tentaciones que hablan sutilmente dentro de nosotros. Negarnos es morir cada día al pecado. Es no dejarnos morder por la serpiente venenosa que nos quita la gracia de Dios.

Tomar la cruz de Cristo, no es solo cargarla mientras realizo el vía crucis durante la cuaresma, sino que implica asumir la vida con responsabilidad. ¿Cuáles tareas tengo por delante? ¿Cuáles de ellas tienen carácter  transitorio y las que  son permanentes? No descuidemos ningún rol a desempeñar. Asumir, por ejemplo paternidad responsable, envuelve el compromiso de acompañar a los hijos, escucharle, ser un padre proveedor, educarlo en valores. La vida a veces se torna desierto, pero desde aquella soledad se vislumbra la Cruz de Cristo, ese que dio la vida por nosotros, que no dejó la cruz por el camino, y ascendió al cielo irresponsablemente.

La cargó hasta morir en ella en el Gólgota. Vivamos nuestra existencia con responsabilidad alegre. Luego entonces sí podemos seguir a Jesús hasta el final. Así libre de equipajes, ligeros de cargas, sin obstáculos para caminar con libertad interior. El pecado es una carga insoportable, la gracia, por el contrario,  es  un don que no pesa. Entonces ¿Por qué despreciarla?
De signo de maldición, la cruz se ha transformado en signo de bendición, de símbolo de muerte en signo de amor que vence el  odio, la arrogancia y la indiferencia, engendrando vida para que todo cristiano que ha decido abrazar la Cruz, del que precisamente derramó su sangre para librar la humanidad de la esclavitud del pecado y de la muerte.

El autor es, Juez del Tribunal Eclesiástico

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