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Yulisa Mendoza Ureña

Yulisa Mendoza Ureña


Estudiantes y clases virtuales, ¿reto positivo o estrés frustrante?


  • 28.05.2020 - 12:00 am

El sábado 23 de mayo, Listín Diario publicó en su sección La República (edición digital),  un artículo con  el título  “Las clases virtuales, otro factor de estrés; maestros no dominan el método”, en el cual se ponían de manifiesto las tribulaciones que pasa una chica estudiante universitaria, junto a sus compañeros, por el cambio de las clases regulares presenciales, a la modalidad virtual. El artículo narra la falta de preparación de los docentes en cuanto a capacitación en el uso de herramientas digitales se refiere y, cómo los estudiantes universitarios de una institución educativa, han tenido que ingeniárselas para no perder su cuatrimestre. El texto criticaba el estrés por el que los estudiantes están pasando, y el ``daño psicológico`` que de ello les podría derivar. 

Luego de haber analizado el artículo pienso que la estudiante universitaria que relata su experiencia, debería enfocarla como una oportunidad de aprendizaje y adaptación al cambio. Cada situación que ocurre en nuestra vida, en este caso, una crisis sanitaria, puede ser abordada desde dos perspectivas. La primera sería la de aprovechar las circunstancias adversas, entendiendo que el ser humano está llamado a afrontar las situaciones difíciles que  se le presenten en la vida de forma asertiva, para poner a prueba los  talentos y destrezas que nos guían en la solución de problemas y a ayudar a las personas que carecen de la capacidad de la toma de decisiones apropiadas, y de aquellas recursos  que nos ayudan a salir airosos de las dificultades y las carencias. 

La segunda perspectiva sería aquella que asume la mayoría de personas que sólo se enfocan en “el aquí y el ahora”, las que se mueven por emociones y sentimientos, sin detenerse a analizar, razonar y reflexionar sobre lo que está sucediendo. Comprender con exactitud la diferencia de dimensión de ambas perspectivas, es lo que nos va a permitir ver cuán distintas son las posibilidades de los que asumen una fuerte resiliencia ante la adversidad y las de aquellos que creen que una crisis, aun la de menor rango de consecuencias, es muy difícil o imposible de superar. 

Efectivamente, el cambio abrupto de la docencia presencial  a la modalidad virtual fue un suceso para el cual nadie se había preparado previamente, y es natural sentirse frustrado, confundido y ansioso. Sin embargo, si hacemos una pausa, nos daremos cuenta que cientos de  miles de personas no están vivas en el día de hoy como resultado de la pandemia. Esa simple observación nos obliga, humildemente, a reconocer que estamos vivos para un propósito, pues pudimos haber muerto al igual que tantos dominicanos y miles de personas en el mundo.

Cuando podemos agradecer a Dios por lo que realmente tiene importancia, como la vida, la salud, el vivir bajo un techo, el tener alimentos, entonces todo lo demás, que antes parecía un gigante listo para aplastarnos, se torna en una simple hormiga.

Los grandes cambios, adelantos e innovaciones, a través de la historia, han surgido en tiempos de crisis. 

Estimados jóvenes estudiantes, este es el momento de tener la perspectiva correcta. Si hoy ustedes tienen conocimientos y capacidades para crear, innovar, desarrollar elementos utilizando la tecnología, es porque alguien más les enseño,  les instruyó previamente, o porque ustedes lo aprendieron solos con el talento natural que recibieron de Dios. Mediten unos segundos y piensen que de la misma manera que las empresas constantemente sustituyen en el mercado los productos viejos por  nuevos productos mejor diseñados,  mejor empacados, de más fácil manejo y más adaptables y flexibles, pues los nuevos tiempos traen aparejadas innovaciones que triunfan por su flexibilidad de uso, y el gusto de la gente por ellas, hasta el punto que pueden llegar a convertirse en el nuevo producto social y tecnológico  que sustituye al viejo producto o paradigma existente desde muchos años atrás. Y  parece ser que éste es el éxito que le espera a la enseñanza virtual. 

Les aseguro que esta aflicción que todos estamos viviendo no durará mucho tiempo, y al final, aquellos que sólo se estresaron, no habrán ganado nada, pero aquellos que vieron la oportunidad de crecer como seres humanos, de aprender cosas nuevas, y de ver la amenidad,  eficacia y distendido contexto de colaboración  con los demás que ofrece la enseñanza virtual, pues habrán ganado un tesoro intangible que nadie les podrá quitar ya que habrá constituido una experiencia única que, probablemente, no se repetirá. 


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