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Maricela Ortiz

Maricela Ortiz


Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios


  • 14.01.2020 - 12:00 am

Vamos entrar a un tema que es poco tocado en exhortaciones por el desenfoque y las confusiones que han provocado sus interpretaciones. La intención de este artículo es que juntos miremos las Escrituras y vayamos recibiendo dirección del Espíritu Santo. No es nada nuevo, porque la Palabra está revelada, es solo para traer un poco de luz y hablemos el mismo lenguaje escritural.

Al leer a Mateo 22:23-33 nos encontramos allí con un tema importantísimo que tiene que ver con una verdad eterna, y que vamos a ir viendo en paralelo con la respuesta de Jesús (que será nuestro enfoque), y de quienes preguntaron acerca de la resurrección. También aprender una característica fundamental que debe tener el ministro competente del Nuevo Pacto de estos tiempos, donde las redes sociales que funcionan para expandir el Evangelio de Cristo, son las mismas por donde se filtran los enemigos del reino y los necios, para atacar, traer confusión y desanimar. Leamos los vv. 23-28 de Mateo 22

“Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano. Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano. De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo. Y después de todos murió también la mujer. En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron?”  

Los saduceos negaban las cosas sobrenaturales, negaban la resurrección de los muertos y la existencia de los ángeles. Aceptaban solamente el Pentateuco como autoridad. Tendían a ser adinerados, miembros aristocráticos de la tribu sacerdotal, y en los días de Herodes esta secta controlaba al templo. Los saduceos eran racionalistas, eran liberales, los saduceos hacían concesiones y eran oportunista políticamente. Los saduceos y los fariseos tenían poco en común, pero para oponerse al reino de Cristo se unieron. Juan los llamó públicamente, serpientes mortales.  

Los saduceos basaron su argumento en la ley del levirato en Deuteronomio 25:5-10, engorrosamente, sacaron la idea principal, que tenían que ver con una medida para asegurar que las líneas familiares se mantuvieran intacta y las viudas fueran cuidadas, y la sacaron fuera de contexto (vv. 24-28), para referirse a la resurrección.

La respuesta de Jesús fue muy intencional, y confrontó a los saduceos y demás movimientos presentes. Leamos los vv. 29-33: “Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios. Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo. Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios? cuando dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Oyendo esto la gente, se admiraba de su doctrina.”

No podemos ignorar que el Reino de Cristo es un gobierno, y desde sus inicios siempre ha encontrado enfrentamiento y oposición. Desde Génesis hasta Apocalipsis podemos apreciar los diversos escenarios donde se libraron, se siguen librando y se libraran grandes batallas con el fin de dar a conocer el Reino de Dios. Jesús enfrentó diferentes sistemas, grupos religiosos y sectas durante su ministerio. Y algo que nos enseña es, a no perder la cordura, porque no hay que dejarse llevar de comentarios ni amenazas. Jesús no respondía de acuerdo a las necedades, más bien, esas malas interpretaciones intencionadas, las tomaba para introducir una Verdad Presente, y dar a conocer verdades eternas del Nuevo Pacto. Los versículos siguientes son gloriosos, por favor, lea con detenimiento, vuelva y lea, y reciba esta Palabra en su espíritu:

“Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” 1 Corintios 15:24-28

El Padre engendró a Cristo en Su misma esencia (entendiendo que Él era el preexistente), y como el Hijo lleva la misma esencia del Padre, nosotros como hijos de Dios y coheredero con Cristo, recibiremos la esencia por el mismo Espíritu cuando resucitemos en cuerpo incorruptible. Por tanto, nuestra forma corpórea en los cielos, no es que seremos ángeles, sino que seremos como ellos, es decir, ya no seremos más criaturas terrenales, sino celestiales, con un cuerpo material transformado en un estado de incorrupción. Somos nacidos de la Simiente (semilla), Cristo.

Así como Cristo resucitó con la imagen del celestial, también traeremos la imagen del celestial (pneumatikos, o creyentes que tienen el Espíritu de Dios). Pablo en 1 corintios 15:35-50 (leer) explica que los descendientes del Adán caído, no pueden entrar en el reino de Dios sin un cambio, es decir, necesitan ser redimidos para poder participar del reino. También nos dice tocante al tema: “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios.” v. 50

“Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves.” Vv.35-39 (continuar leyendo 1 Co.)

Los saduceos solo reconocían la autoridad de Moisés, por eso Jesús cierra su exhortación citando: “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos” haciendo mención al pentateuco y enlazándolo en el Nuevo Pacto como una verdad presente, declarando que para Él todos viven, porque es en Él que tenemos vida. Si vivimos, vivimos para Él, si morimos, morimos para Él. “Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven.” Lucas 20:37-38  

    


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